¿Qué pasó el sábado pasado?

GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB

Abro paréntesis; antes que nada, quiero agradecer a todos por sus muestras de afecto y solidaridad, para este humilde servidor y para mí familia.

Ayer mientras escribía esta colaboración recibí una llamada, era mi hermano del otro lado de la línea para decirme que mi mamá estaba delicada, que había pasado a terapia intensiva,

Al parecer su oxigenación no era la suficiente y el pronóstico era estable.

Recibí una segunda llamada y todo mi mundo cambió.

Hoy mamá vuela muy alto, partió al lado del Creador, ya está con mi hermano Rodrigo Alejandro, sé que está en un lugar lleno de luz, de paz y también está en compañía de sus hermanos, mi tío Carlos, mi tío Memo y mi tía Clara, con mis abuelos Enrique y Gloria, con sus entrañables amigas, quienes se le adelantaron en el camino.

Cuando me caí mi Madre me levantó siempre, me enseñó a ser transparente, y también a buscar y decir la verdad, buscar la razón, buscar el bienestar común y defender el respeto a la vida, el respeto a la patria.

¡Así de grande fue mi Madre!

¡Gracias por todo Ma!

Cierro paréntesis porque…

Este sábado pasado quedó de manifiesto el hartazgo social que vive México en solo siete años y contando, desde la llegada a México de aquel espíritu transformador.

Aquellos días quedaron en el recuerdo y en la historia mexicana como lo que pudo ser y en la oscura realidad en que se convirtieron ya sentados en el poder.

Todavía se recuerda a lo largo y ancho del país cómo llamaban al pueblo a revelarse en contra del abuso de poder, de los privilegios, de la oligarquía, en contra de los que supuestamente mentían y estaban sirviéndose de las finanzas públicas en aquel paraíso de la corrupción.

No se ría por favor amable lector, solo eran promesas de campaña, pues ya sentados en sus respectivos nombramientos, aquellos opositores que decían una cosa, resulta que hoy dentro del oficialismo actúan completamente diferente, farsantes son.

Este fin de semana simplemente y de manera auténtica, el zócalo capitalino se vio muy nutrido de «mexicanos al grito de guerra», ojo, para este evento no hubo movilización, con miles de autobuses, de esos que son pagados desde el erario público, como lamentablemente otros sí lo hacen.

Tampoco hubo torta y frutsi, con billetito de 500 incluido en su «kit de manifestante», en cada autobús y para cada acarreado, como otros sí lo hacen y tampoco se le obligó a nadie a manifestarse, a cambio de no perder apoyos o programas sociales.

Este fin de semana la gente de verdad demostró nada más y nada menos, que todo, absolutamente todo, tiene límites.

Se le olvida al oficialismo que en México nuestra patria está llena de almas descendientes de aquellos revolucionarios, de aquel mismo pueblo que derrocó regímenes tóxicos y obsoletos, mismos que reprimían a la ciudadanía en aquel entonces.

Se le olvida al oficialismo que nietos y bisnietos de aquellos revolucionarios defenderán la patria, con la misma fe y ferocidad que lo hicieron sus antepasados, siempre buscando el bien común, y de manera tajante desterrar los privilegios que gozan unos cuantos, mismo despilfarro que ahoga todos los días las finanzas públicas de un país próspero y fuerte, un país lleno de gente buena y trabajadora.

México no puede seguir aplaudiendo que unos cuantos, estupidizados y borrachos de poder sigan gastando todos los días cuatro mil millones de pesos, extras, demás, así como usted lo lee amable lector, 365 días de cada año, pues se piden prestados más de un billón de pesos, simple y sencillamente porque a «las joyas transformadoras», no les alcanza para su verbena, su kermesse bolivariana.

México está «operando» técnicamente desde hace más de siete años con una tarjeta de crédito grandota, donde quienes avalan la misma somos todos, usted y yo amable lector, incluso los niños mexicanos que nacieron hoy y los que nacerán la próxima semana, y en el futuro. Ojo, todos y sin distingos, por ese tipo de brillantes decisiones, ya deben también más de 150 mil pesos cada uno,

Ojo, cuando se fue Peña Nieto en 2018, la deuda pública en México era igual a 10.5 billones de pesos, mucha atención al siguiente dato, hoy con lo programado para gastar en 2026 la deuda pública en México sobrepasará los 20 billones.

Y las «eminencias» del momento, en lugar de ajustar el gasto público, evitar sobrecostos en las obras, vivir sin despilfarrar dinero público, tal pareciera que se aferran, y aquel discurso de campaña quedó en un lado completamente opuesto al de su actuar en el presente.

No se vayan muy lejos, la familia López Obrador llegó con ropita modesta y, caray, ¿que alguien nos explique «quem ponpó?

Ranchos, casas, carros, aviones, equipos de fútbol, fábricas de chocolates y muchas otras cosas más, hasta obras de arte y bungalows en el extranjero, para rentar a pura «gente bien».

Apenas en la última campaña de Papi recordamos todos perfectamente que los tres holgazanes no sabían a qué se iban a dedicar.

Por lo visto, los chamacos salieron muy buenos para los negocios y todavía tenían el descaro de hablar mal de otros expresidentes y de sus cachorros, caray, de todos los hijos de expresidentes no existe en referencia algún punto en comparación con los Trivagos.

Estos sí salieron bien ratas, así nada más a ojo de buen cubero, como buenos hijos de tigre pintito.

Entonces cuando pasan cosas como pasaron este sábado desde el oficialismo no tienen por qué quejarse, la gente en México tiene todo el derecho de salir a manifestarse, pues nadie en su sano juicio está dispuesto a seguir manteniendo a los parásitos del bienestar, mirar hacia otro lado haciéndose conejos con «p», un día sí y otro también, justificando la corrupción de hoy, con la del pasado, además mintiendo, diciendo que las cosas en el país van muy bien, cuando la realidad ya los rebasó, y es el lado completamente opuesto al del discurso oficial.

La gente no pide mucho, nada más lo que les corresponde según en encargo público que ostentan, quienes dirigen los destinos de este bendito país;

Seguridad,  para poder transitar libremente de día y de noche, para emprender y desarrollar las actividades diarias como sociedad económicamente activa.

Salud,  para que cada clínica rural, hospital, o centro de salud pública tengan suficiencia en insumos médicos, instrumental, medicamentos, incluso para realizar una intervención de emergencia, enfermeras y un doctor urgenciólogo de planta, para cada lugar.

Educación,  para que en México los niños tengan una educación de calidad, permanente y con profesores entregados a su profesión, ya estamos cansados de los sindicatos y marrullerías, mismas que ensucian la educación y los planes de estudio en nuestro país.

Muy importante, quien gobierna en este país, y como empleados públicos que son, tiene que dar al país una muy buena explicación de qué están haciendo con esos cuatro mil millones de pesos, mismos que diariamente se despilfarran en el «gasto público», es mucho dinero, mucho más que el Fobaproa y son cada año. Por mi parte… ¡Es cuanto!