GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
Bien, cada administración municipal se distingue por un sello propio, buscando siempre la proximidad con la ciudadanía y el trabajo en territorio para cubrir las demandas básicas e indispensables que, en el día a día, surgen por toda la mancha urbana capitalina y más allá, todo el territorio rural que rodea la capital tamaulipeca.
Son poblados, rancherías y ejidos que muy pronto, probablemente en algunas décadas, serán decorados por la misma mancha que rodea hoy el ejido Benito Juárez, La Libertad, próximamente el ejido El Olmo, Santa Librada, sólo por mencionar algunos.
Para que esto funcione, la historia dice que se requiere de «conectividad», caminos y espacios suficientes, pensando en el tránsito de unidades de transporte público y de carga, escuelas y unidades deportivas.
Y para eso les pagan a los funcionarios municipales, y les pagan muy bien.
Por esa misma razón no es posible entender cómo en el centro de la capital, para acabarla de embarrar, a la vuelta del DIF municipal, la calle 18 puede estar en ese brutal deterioro, desde Berriozábal hasta Olivia Ramírez y más allá.
Cómo pueden tener calles del primer cuadro de la ciudad así, sin el más mínimo respeto, sobre todo con los niños y padres de familia que transitan todos los días, por la entrada y salida de los infantes a sus actividades escolares, ahí entre Berriozábal y Anaya; caray, nada más tantita por favor.
Hay que recordarles a estas “autoridades” que también hay que ir a campo, salirse de sus cómodas oficinas para saber la problemática en el día a día de la capital; no es cualquier municipio, es la puerta del estado para todos los visitantes.
¿Quién dirige las cuadrillas? Díganles que se tiene que aprovechar el periodo vacacional… Ahí quedó.
¿Dónde quedó la austeridad?
Es del dominio público un dicho muy atinado a la realidad que vive un país como México, que trata de sacar la cabeza, ante la ola de deuda pública que lo ahoga, desde el oficialismo de moda, esa misma deuda que ahogará las finanzas públicas por generaciones en un futuro muy próximo.
Todo para mantener ese discurso pedorro de «justicia social» y «transformación», muy tramposos que salieron las estrellas de moda. ¿Verdad que no es lo mismo ser borracho que ser cantinero?
¿Cuánto vale mantener cada casa de gobierno funcionando, para la realeza pública en turno?
¿Cuánto vale cada vuelo en helicóptero, en jet privado, esos vuelos que frecuentemente usan los funcionarios públicos, y con cargo a esas mismas quebradas finanzas publicas? ¿Verdad que no es lo mismo?
Tan pronto descubrieron el sabor del dinero público cambiaron de «razón social», «de código postal», recibieron una «transfusión de sangre color azul turquesa» en sus venas corporales.
Mal hacen esos magnates de la política, sea municipal, estatal o nacional, en rodearse de aduladores, esos tramposos, farsantes que sueñan con esos mismos excesos, incluso muchas veces los imitan, en su misma voracidad momentánea de poder.
Son una profunda incongruencia y vergüenza en su actuar, no cambiaron nada en las excentricidades, esas mismas que antes tanto criticaban, esas mismas que incluso las usaron en discursos de campaña, con la única finalidad de que el pueblo bueno entrara en cólera, decían: «No puede haber gobierno rico con pueblo pobre»,
¿Saben qué?, son unos farsantes, probablemente sean tan descarados que seguirán con sus excesos muchos años más, aun sabiendo la situación del país y sin remordimiento alguno endeudando las finanzas municipales, estatales y federales.
Caray, tal parece que ese resultó ser su deporte favorito «el engaño público»; 18 billones de pesos los avalan y los hacen el claro ejemplo de cómo no se deben hacer las cosas.
¿En qué momento eso se tiene que aplaudir? Servirle al pueblo debería ser un honor, por eso insisto, es necesario que para llegar, se apliquen exámenes psicométricos, de control y confianza antes de llegar a un cargo público, un cargo donde se maneje dinero público,
Porque, imagínese usted amable lector, de no hacerlo, a dónde vamos a parar.
La patria no merece seguir siendo manejada por personas de dudosa reputación, personas que usan los cargos públicos para beneficio personal, esa gente debe de estar fuera, al estilo asiático, con castigos ejemplares.
Caray, aquí en México cuando los encuentran culpables de peculado, en el manejo de recursos públicos, les dan vacaciones, los «inhabilitan» por los años que según sea el monto, el tiempo que así designe un juez, o sea se van de vacaciones pagadas.
La opacidad en el manejo del dinero en los partidos políticos es una profunda vergüenza, ¿cómo pueden hacerse millonarios manejando un partido político?, ¿qué les pasa?, ¿y la gente?, ¿por qué les sigue aplaudiendo eso?
Las cosas cambiaron, pero en mucho para mal, cuando levantaron la manita jurando «guardar y hacer guardar la constitución mexicana, y las leyes que de ella emanen».
¿Se les olvidó todo?, ¿se volvieron locos? Muy triste la realidad y el futuro, de seguir así, despilfarrando dinero que no hay, sin dirección alguna y jamás para beneficio de la ciudadanía, pero sí para unos cuantos, igual que siempre, ladrones, pero hoy como borrachos en kermesse, farsantes.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
