JORGE A. LERA MEJÍA
La transformación económica de Tamaulipas enfrenta una oportunidad estratégica: lograr que la llegada de grandes inversiones, la expansión industrial y el crecimiento del sector público se conviertan también en más negocios, empleos y capacidades productivas para las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes) locales.
La discusión ya no debe limitarse a cuántas inversiones llegan al estado, sino a cuánto valor económico permanece en Tamaulipas.
Para ello, resulta fundamental construir cadenas de proveeduría capaces de conectar a las Mipymes con grandes industrias, empresas tractoras, cadenas comerciales, proyectos energéticos y las propias dependencias estatales.
La Secretaría de Economía estatal ya impulsa una estrategia de desarrollo de proveedores para vincular a las Mipymes con proyectos industriales, mientras que la Promotora para el Desarrollo de Tamaulipas (Prodet) plantea incorporar empresas locales a las cadenas de suministro de compañías de “primer orden”.
El reto es pasar de la simple vinculación comercial a una integración productiva permanente.
Una Mipyme no se convierte en proveedor competitivo solamente por tener un producto; necesita certificaciones, calidad, capacidad financiera, digitalización, logística, cumplimiento fiscal, estándares ambientales, seguridad industrial y capacidad para entregar oportunamente.
Aquí aparece una segunda dimensión: el sector público como comprador estratégico. Las dependencias estatales demandan alimentos, uniformes, mantenimiento, limpieza, tecnologías, servicios profesionales, mobiliario, transporte y múltiples insumos.
En julio pasado, la Expo Proveedores “Consume lo Hecho en Tamaulipas” mostró precisamente la posibilidad de vincular empresas locales con dependencias y organismos gubernamentales.
El objetivo debe ser crear un mercado estatal de proveeduría, transparente y competitivo, donde las compras públicas puedan favorecer la participación de proveedores tamaulipecos siempre dentro de la legislación aplicable y bajo criterios de calidad, precio, eficiencia y rendición de cuentas.
La tercera etapa es avanzar hacia una economía circular. Tamaulipas ya trabaja en la implementación de su Ley de Economía Circular, con objetivos relacionados con reutilización, reparación, reciclaje y valorización de residuos, además de nuevos modelos de negocio y empleos verdes.
Esto abre oportunidades extraordinarias para las Mipymes: recuperación de materiales industriales, mantenimiento y reparación de equipos, reciclaje de plásticos y metales, aprovechamiento de residuos agroindustriales, empaques reutilizables, eficiencia energética, tratamiento de agua y servicios ambientales.
La estrategia puede articularse mediante una Red Estatal de Proveedores y Clústeres, aprovechando la iniciativa estatal para consolidar clústeres y vincular empresas, academia y gobierno.
También resulta relevante el futuro Clúster Estratégico Energético, que busca integrar empresas tamaulipecas a proyectos de electricidad y energías renovables.
El siguiente paso debería ser un mapa digital de oferta y demanda: identificar qué compran las grandes empresas y dependencias, qué pueden producir las Mipymes locales y qué capacidades necesitan desarrollar para cerrar esa brecha.
Así, el nearshoring, la inversión pública y privada y la transición energética dejarían de ser solamente fenómenos de inversión para convertirse en ecosistemas de codesarrollo.
El verdadero éxito será que una inversión grande genere cientos de proveedores locales; que esos proveedores desarrollen tecnología y empleos mejor remunerados; que sus residuos se conviertan en nuevos insumos y que una mayor proporción del valor generado permanezca en las comunidades tamaulipecas.
Ese es el salto: pasar de atraer inversiones a construir cadenas productivas locales, circulares, innovadoras y capaces de crecer junto con las grandes empresas.
