ROMAN BOCK
La distancia no borra el amor por la patria, al contrario, quienes hemos vivido lejos de México aprendemos a valorar aún más nuestras raíces, nuestra cultura y nuestra identidad. Por eso resulta significativo contar hoy con un gobierno que reconoce la importancia de los migrantes y coloca la defensa de nuestros derechos como parte de la agenda nacional.
Hoy México tiene una Presidenta que ha dejado clara una postura firme frente a las presiones externas: la soberanía nacional no se negocia. Las declaraciones de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum han sido contundentes: México coopera, dialoga y mantiene relaciones de respeto con todas las naciones, pero no acepta intervenciones, imposiciones ni descalificaciones, porque México es un país libre, independiente y soberano.
Los altos niveles de aprobación que mantiene la Presidenta no son casualidad, son resultado de un gobierno que ha logrado conectar con amplios sectores de la población, incluidos millones de mexicanos que radican en el extranjero. Las políticas dirigidas a proteger a nuestros connacionales, fortalecer la red consular y defender los derechos de los migrantes han sido reconocidas y valoradas por quienes diariamente enfrentan los retos de vivir lejos de su tierra.
Desde el inicio de la nueva administración, la política migratoria y la política exterior han tenido un sello claro: la defensa de la dignidad de las y los mexicanos, sin importar de qué lado de la frontera se encuentren. Esa visión ha generado confianza entre la comunidad migrante, que observa con satisfacción cómo México levanta la voz cuando es necesario y defiende a sus ciudadanos con firmeza.
Por eso, las intenciones del presidente Donald Trump y algunos sectores políticos estadounidenses que insisten en intervenir en asuntos internos de nuestro país, o de responsabilizar a México de problemas que corresponden a la política interna de Estados Unidos, han encontrado una respuesta clara y serena: México no es piñata de nadie, que les quede claro.
La relación entre ambos países se construye con respeto, con cooperación y con el reconocimiento de que millones de familias dependen de la buena relación bilateral. La confrontación permanente no beneficia a nadie; sin embargo, la defensa de la soberanía nacional es un principio que no se puede negociar.
Tamaulipas no es la excepción. Miles de familias tamaulipecas tienen seres queridos viviendo en Estados Unidos y conocen de primera mano la importancia de mantener una política exterior firme, responsable y digna. Los migrantes tamaulipecos respaldan mayoritariamente la postura de la Presidenta porque entienden que defender a México también es defenderlos a ellos.
Los migrantes sabemos que el amor por México no disminuye con la distancia, al contrario, se fortalece. Por eso valoramos que, por primera vez en muchos años, exista un gobierno que habla con dignidad, que defiende a sus migrantes y que recuerda al mundo entero una verdad sencilla pero poderosa: la patria se respeta.
