Los mexicanos que hacen fuerte a dos países

ROMAN BOCK

Hoy viven en Estados Unidos cerca de 38 millones de personas de origen mexicano. De ellas, más de 12 millones nacieron en México y millones más son hijos de migrantes que crecieron trabajando y construyendo su vida del otro lado de la frontera. Son una comunidad enorme, trabajadora y fundamental para la economía estadounidense.

Y es que por ese motivo tomó relevancia lo expresado esta semana por la presidenta Claudia Sheinbaum previo a la revisión del T-MEC, al recordar que los mexicanos aportan alrededor del diez por ciento del Producto Interno Bruto de Estados Unidos y que solamente cerca del diez por ciento de los migrantes mexicanos son los que vive actualmente sin documentos.

Aquí vale la pena comentar que las cifras ayudan a entender algo simple: los mexicanos no son una carga para Estados Unidos. Son parte de su fuerza económica.

Millones de paisanos trabajan todos los días en sectores esenciales como la construcción, el campo, el transporte, los restaurantes, las fábricas y los servicios. Por ejemplo, en 2025, las remesas enviadas a México superaron los 64 mil millones de dólares, convirtiéndose nuevamente en una de las principales fuentes de ingreso para millones de familias mexicanas.

Pero muchas veces solo vemos la parte del dinero que llega a México y olvidamos todo lo que nuestros migrantes generan en Estados Unidos. La mayor parte de su salario se queda allá: pagan renta, consumen, pagan impuestos y mantienen activa la economía de ciudades enteras.

En Tamaulipas esta realidad también se vive todos los días. Son miles las familias que tienen un hijo, una madre, un hermano o un padre trabajando en Estados Unidos. Municipios completos dependen, en gran medida, del esfuerzo de quienes tuvieron que irse para buscar mejores oportunidades.

Y detrás de cada remesa hay historias que casi nunca se cuentan: jornadas de más de diez horas, años sin ver a la familia, dobles turnos de trabajo y sacrificios personales enormes para poder apoyar a quienes permanecen en México.

Por eso fue importante que la presidenta Claudia Sheinbaum hablara con claridad sobre este tema. Porque durante años algunos sectores políticos en Estados Unidos intentaron construir una narrativa donde el migrante mexicano era señalado como un problema. Pero los números cuentan otra historia: los mexicanos trabajan, producen y ayudan a sostener buena parte de la economía estadounidense.

Los migrantes mexicanos no se fueron a buscar privilegios. Se fueron a trabajar.

Y aun estando lejos, nunca abandonan a México. Siguen ayudando a sus familias, impulsando comunidades enteras y sosteniendo económicamente a millones de hogares.

A veces hace falta recordar algo muy sencillo: nuestros paisanos no solo están construyendo una mejor vida para ellos. También están ayudando a levantar dos países al mismo tiempo.