ANGEL CAMACHO
Hay enfermedades que muchos consideran propias de la infancia y que parecieran haber quedado en el pasado. Sin embargo, la parotiditis, conocida popularmente como paperas, todavía puede presentarse, especialmente cuando existen personas susceptibles y no se cuenta con una adecuada protección mediante la vacunación.
La parotiditis es una infección viral que afecta principalmente a las glándulas parótidas, ubicadas a ambos lados de la cara, debajo y delante de los oídos. Su inflamación produce el signo más característico de la enfermedad: hinchazón de una o ambas mejillas, acompañada con frecuencia de dolor, fiebre, malestar, dolor de cabeza y molestias al masticar o tragar.
Aunque suele tener una evolución favorable, no debe considerarse una enfermedad inofensiva. En algunos casos puede ocasionar complicaciones, especialmente en adolescentes y adultos. Entre ellas se encuentran la inflamación de los testículos o los ovarios, meningitis, encefalitis, pancreatitis y, en casos poco frecuentes, pérdida de la audición.
Uno de los aspectos más importantes es que la parotiditis es una enfermedad contagiosa. El virus puede transmitirse a través de las gotas respiratorias y el contacto cercano con una persona infectada. Además, una persona puede contagiar antes de que la inflamación de las glándulas sea evidente, lo que facilita su propagación en escuelas, hogares y otros espacios donde existe convivencia estrecha.
La prevención tiene un protagonista fundamental: la vacunación. La vacuna triple viral, que protege contra sarampión, rubéola y parotiditis, es una herramienta esencial para reducir el riesgo de enfermar y, sobre todo, para disminuir la circulación del virus en la comunidad.
Por eso es importante revisar que niñas, niños y adolescentes tengan su esquema de vacunación completo, de acuerdo con las recomendaciones de las autoridades sanitarias. La vacunación no solamente protege a quien recibe la dosis; también contribuye a proteger a quienes, por diferentes circunstancias, pueden ser más vulnerables a las enfermedades infecciosas.
Si aparece inflamación característica de las mejillas, fiebre u otros síntomas compatibles con parotiditis, lo recomendable es acudir a valoración médica y evitar el contacto cercano con otras personas, particularmente con quienes no estén vacunadas o puedan presentar mayor riesgo de complicaciones.
Las paperas pueden parecernos una enfermedad de otra época, pero los virus no desaparecen simplemente porque dejemos de hablar de ellos.
La mejor defensa sigue siendo la prevención: vacunarse, reconocer los síntomas y consultar oportunamente.
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Y recuerden amigos, en Salud Pública: “Es mejor prevenir… que curar”.
