GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
La situación que vive el país no es como para levantar las campanas y además asegurar, desde el púlpito mañanero, que la inseguridad es cosa del pasado, que las bajas civiles decrecieron desde su llegada a la máxima responsabilidad del país, hace poco más de seis meses.
Apenas hace tres días, lamentablemente la clase política mexicana sintió lo mismo que sienten cientos, por no decir miles de familias mexicanas y extranjeras, cuando repentinamente pierden familiares, a lo largo y ancho del país.
¿A causa de qué?, De la terrible inseguridad, la misma que un día sí y otro también perturba la tranquilidad de las familias mexicanas.
Antier dos personas muy importantes dentro de la estructura política en el México de hoy fueron brutalmente asesinadas, a sólo cuatro calles de Palacio Nacional, a sólo unas cuadras del lugar donde se concentra el poder absoluto, el mismo que se ejerce en México desde la llegada de la supuesta transformación.
Antier, de una manera inaceptable, alguien quiso dejar un mensaje contundente a toda la clase política, a la cúpula del poder en México, muy lamentable por donde se quiera y pueda ver, pues se perdieron dos vidas de personas que además eran servidores públicos en funciones, funcionarios de primer nivel, se tiene que decir.
Desde ayer las medidas de seguridad cambiaron radicalmente dentro de la cúpula del poder, hoy cada funcionario público en CDMX y también en Palacio Nacional redoblaron sus equipos de seguridad y escoltas, además el blindaje en sus vehículos es indispensable, pues la situación así lo amerita, algo predecible después de esa situación de riesgo, apenas hace dos días por la mañana.
Lamentablemente ese mismo día también en México asesinaron a otras 80 personas, lo digo usando la estadística y promedio diario, con sus propios datos, con sus propios números, y lo peor de todo, es que todos los días en México pasa igual, es una tragedia nacional.
Hasta que pasa algo así es cuando la cúpula del poder entiende la gravedad y realidad de las cosas, lo que vive todo el país diariamente, con igualdad de impotencia, y también con inocentes involucrados entre las bajas civiles.
Está demás decirles que en todo México se debería de reforzar la seguridad.
Ojalá entiendan, que todos los mexicanos también esperan escoltas y camionetas blindadas, así debería de ser, parejo y para todos.
Es lamentable, la forma tan triste en que la cúpula del poder apenas se pudo dar cuenta de lo que pasa acá afuera, a ras de cancha, entendió de la manera más cruel la misma impotencia en donde vive la ciudadanía mexicana todos los días; ojo, en estados y municipios considerados focos rojos, en su mismo mapa delincuencial oficial.
Esperemos que esas medidas tomadas dentro de sus equipos y círculos de poder, para reforzar su propia seguridad, sean replicados en el país y para todos los ciudadanos, así debería de ser, para eso están.
¿O qué, nada más los servidores públicos merecen tener escoltas y elementos de seguridad para cuidarlos?
México vive en tragedia cotidianamente desde hace algunos años, seis años y medio para ser exactos, desde aquel día y hasta el día de hoy, «el horno no está pa’ bollos».
Es lamentable escuchar estúpidos como Fernández Noroña
Después de la tragedia, gente sin escrúpulos, vividores de la política, parásitos nefastos, como lo es el senador Gerardo Fernández Noroña, un impresentable sicario de la política mexicana, este tipejo se atrevió a culpar a la oposición por los lamentables hechos ocurridos, insisto, a sólo unos cuantos metros del mismísimo Palacio Nacional, hechos en donde perdieron la vida dos jóvenes servidores públicos, miembros del primer círculo, en el equipo de la jefa de Gobierno, Clara Brugada.
No sé qué tipo de estiércol pueda circular en el torrente sanguíneo de un ser tan despreciable, como es el senador Fernández Noroña, un vividor de la política mexicana, un parásito más, con gustos refinados y un hambre infinita de poder.
En lugar de hacer una profunda reflexión y, por qué no, tal vez, dejando la soberbia bolivariana, reconocer las fallas en los últimos seis años y medio, los mismos años que llevan como borrachos en kermesse empoderados, siempre tomando las peores decisiones, y de paso culpando a otros de su lamentable realidad, honestamente, creo sería lo correcto, ¿no?
No les queda ya esa narrativa feliz de que las cosas van de maravilla en el país, las cosas definitivamente no van nada bien, las cosas siguen apestando a pus y corrupción, nada nuevo, pero hoy a una escala muy superior, en todos los sentidos, comparado con lo que pasaba antes de noviembre del 2018.
Hasta hace apenas cuatro días, en el oficialismo se la pasaban quejándose de Felipe Calderón y de Ernesto Zedillo, culpándolos de todo lo que está mal en el México de hoy.
Nada más quiero agregar algo como dato cultural, en el periodo de Ernesto Zedillo, en México se podía viajar a cualquier lugar, a cualquier hora del día y de la noche, aquí en Tamaulipas así era, en aquel tiempo, no había asaltos ni afectaciones en autotransportes de carga, y mucho menos asaltos a autobuses de pasajeros, eso nada más pasaba en las películas, en aquel entonces jamás pudimos imaginar lo que vendría después.
Siempre es buen momento para cambiar el rumbo, y de paso reconocer, cuando de plano eres un inútil, incapaz de brindar a la ciudadanía lo más básico y elemental, lo único para lo cual fueron elegidos y con la manita levantada juraron «guardar y hacer guardar la constitución», SEGURIDAD, SALUD, y EDUCACIÓN, me temo decirles, así como un ciudadano más, y en pleno uso de mis derechos, como gobierno están REPROBADOS.
Es increíble cómo en tan poco tiempo destruyeron el sistema de salud mexicano y además entregaron la tranquilidad y la paz social de la ciudadanía, por su ambición desmedida, muy lamentable.
La narrativa oficial se les está acabando, y los mexicanos ya se están dando cuenta de la clase de farsantes que como gobierno son, prometieron una cosa en campaña, y…
¡Sorpresa!, a la mera hora, hicieron lo mismo o peor, de todo aquello que antes tanto criticaron, no lo digo yo, ahí están sus números y resultados, sus excesos, frivolidades, relojes, viajes, camionetas, honestamente, no hay nada que celebrar, y mucha vergüenza, les debería de dar.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
