ANGEL CAMACHO
Las ondas de calor que han comenzado a afectar a la región representan riesgos importantes para la salud pública, no solo por el aumento de casos de deshidratación y golpe de calor, sino también por el incremento de intoxicaciones alimentarias.
Las altas temperaturas crean condiciones ideales para que bacterias, virus y otros microorganismos se multipliquen rápidamente en los alimentos, especialmente cuando no se conservan de manera adecuada.
Especialistas señalan que, durante los días con temperaturas extremas, los alimentos perecederos pueden echarse a perder en menos tiempo del habitual.
Productos que son especialmente sensibles al calor:
- Carnes rojas
- Pollo
- Pescado
- Mariscos
- Leche
- Quesos
- Huevo
- Embutidos
- Cremas
- Mayonesa
- Salsas
- Comida preparada
Si estos productos permanecen varias horas fuera del refrigerador o expuestos al ambiente pueden contaminarse, aunque mantengan buen olor o apariencia normal.
Entre las bacterias más frecuentes relacionadas con intoxicaciones alimentarias se encuentran Salmonella, Escherichia coli y Staphylococcus aureus, las cuales pueden provocar cuadros que van desde leves hasta graves.
Los síntomas suelen presentarse pocas horas después del consumo, aunque en algunos casos pueden tardar uno o dos días. Los más comunes son dolor abdominal, diarrea, vómito, náuseas, fiebre, debilidad, dolor de cabeza y malestar general.
Uno de los principales riesgos durante la temporada de calor es la rápida pérdida de líquidos ocasionada por la diarrea y el vómito, lo que puede llevar a una deshidratación severa.
Esto resulta especialmente peligroso en niñas y niños pequeños, personas adultas mayores, mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas, como diabetes, hipertensión o padecimientos renales.
Las reuniones familiares, fiestas, viajes y consumo de alimentos en la vía pública durante esta temporada también incrementan el riesgo. Es común que en estos espacios la comida permanezca varias horas sobre mesas, sin refrigeración o sin la protección adecuada contra polvo, insectos y manipulación inadecuada.
Asimismo, el uso de agua no potable o hielo de dudosa procedencia puede convertirse en una fuente adicional de contaminación.
Para prevenir intoxicaciones alimentarias, las autoridades sanitarias recomiendan mantener refrigerados los alimentos perecederos a temperaturas seguras; no dejar comida cocinada a temperatura ambiente por más de dos horas o una hora si el calor es extremo; lavar correctamente frutas y verduras; cocinar bien carnes y mariscos; evitar la contaminación cruzada entre alimentos crudos y cocidos, y lavarse las manos frecuentemente antes de preparar o consumir alimentos.
También es importante revisar fechas de caducidad, no consumir productos con mal olor, cambios de color o envases inflados, y evitar comprar alimentos en establecimientos donde no se observen medidas básicas de higiene.
En puestos ambulantes, se recomienda verificar que los alimentos estén bien cocidos y protegidos del calor.
Si una persona presenta síntomas de intoxicación alimentaria se debe iniciar hidratación inmediata con agua potable o vida suero oral, guardar reposo y vigilar signos de alarma.
Es indispensable acudir a atención médica si existe:
- Fiebre alta
- Diarrea intensa
- Vómito persistente
- Sangre en las evacuaciones
- Dolor abdominal severo
- Somnolencia
- Datos de deshidratación, como boca seca, mareo y disminución de la orina
La onda de calor obliga a tomar precauciones adicionales en todos los aspectos de la vida diaria. Así como se recomienda hidratarse y evitar la exposición al sol, también es fundamental cuidar el manejo y consumo de alimentos.
Prevenir una intoxicación alimentaria puede marcar la diferencia entre pasar un verano seguro o enfrentar una urgencia médica evitable.
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