GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
Parece poco, pero la clase política de México no entiende dos cosas:
1) Que el agua es fundamental para que una parcela, rancho o pequeña propiedad puedan subsistir, operar, producir, sobrevivir.
Un animalito, cabra, borrega, gallina, cerdo, caballo, vaca, las mascotas y los inquilinos de cada propiedad deberían por ley tener acceso a una fuente de agua para lo más básico e indispensable, como hay muchos, muchísimos casos por todo el país
Repito, por ley, un ranchito debe tener una noria, una fuente de agua del subsuelo en caso de que el Estado no pueda surtirla en la puerta de cada propiedad rural en el país, ni más ni menos.
2) Es importante decir que del agua que llega al suministro potable del estado, por ejemplo aquí en ciudad Victoria, la mitad del agua se está fugando 24/7, por el deterioro en la red de distribución capitalina.
No deberían meter mano en el manejo del agua en la zona rural, en el campo, pues la inmensa mayoría de las personas que tienen una propiedad rural, parcela, rancho, finca o quinta, y que además viven de alguna actividad en el campo, los que cuentan con una noria, o fuente de agua, ojo, siempre la usan para consumo humano, y después para brindarle supervivencia a sus propios animalitos domésticos, jamás para desperdiciarla o para venderla, como otros si lo hacen; esa es la pequeña diferencia.
Hay que poner orden sí, pero jamás usar el agua como moneda de cambio, el agua es por ley para todos, no pueden querer controlar todas las norias, ojos de agua, pequeños pozos, esos que existen en zonas remotas de todo el país.
¿Para qué quieren o querrían eso? Caray, a menos que sea para controlar desde ahí la actividad en el campo mexicano, controlar desde ahí quién sí y quién no puede darle de beber agua a una vaca o a un caballo; no señor, andamos muy mal «en matemáticas» y en muchas cosas más también están reprobados.
Nota importante gratis: Las matemáticas se usan para sumar, jamás para lo contrario.
Una rayita menos
Después de muchos años, y personalmente de varios meses, donde por este medio, espacio de comunicación le sugerimos públicamente al Republicano Ayuntamiento capitalino sobre el deplorable estado en la calle Abasolo, que en el tramo que corre desde la calle Cero hasta topar con la reconocida empresa de autotransporte de pasajeros privada, apenas a unos metros del Oxxo en calle Carrera Torres.
Esa calle era el representativo más claro del olvido oficial, y digo era, pues atinadamente hoy el interés oficial decidió dar muestras de vida, y con concreto hidráulico lleva un avance significativo.
Son cosas que a nosotros como medio de comunicación nos toca dar a conocer, pues sabemos que las autoridades son responsables de muchas tareas, aparte de la pavimentación pública, así que cada quien desde su trinchera debemos en consecuencia actuar, siempre buscando el beneficio y el Interés Social.
Sin duda, al pasar por ese sector apenas hace un par de días pude constatar la diferencia en ese pedazo capitalino, aún sin haber terminado la obra luce extraordinario.
Que sea la primera de muchas muestras de «atención» a la infraestructura pública, pues somos como capital, la ventana de Tamaulipas para todo el resto del país.
Mantener las calles en buen estado no es opción, es obligación, ahí deben de enfocarse los esfuerzos oficiales, nuestros vehículos y respectivos dueños se los agradecerá.
Parece que se les olvidó
Hace apenas poco más de cien años, para ser más exactos allá por 1910, aquel gobierno «dictatorial», emergido de las ruinas del Juarismo, pudo en poco más de 30 años acumular tanto poder e importancia a nivel mundial que la moneda mexicana (el peso), era utilizado en operaciones internacionales como moneda global, así como hoy hacen con el dólar americano y México prestaba dinero a otros países.
En aquellos años el peso mexicano era tan importante que se pagaban dos dólares por un peso de plata, así como usted lo lee amable lector. Con el paso del tiempo, la envidia y el trastorno de algunos poderosos yankis y otros tantos traidores, resentidos aztecas de la época, planearon quirúrgicamente, vía financiamiento, la salida del General Díaz, utilizando para ese fin aquellos «héroes de la revolución».
La otra historia dice que USA financió «la revuelta» (qué raro ¿no?) y desde aquellos años una élite política borracha de venganza, sin escrúpulos, no se ría por favor amable lector…
Les decía, un élite sin escrúpulos, locos por la justicia social, tomó el poder público y acomodó todas las fichas del ajedrez para adjudicarse, como siempre, sólo unos cuantos privilegiados y sus allegados, de las riquezas de este bendito país, incluyendo el poder público, las instituciones, y también todo el oro, plata y minerales preciosos, que antes eran de la nación, desde aquella época «escribieron su historia», omitiendo datos contundentes que harían a cualquiera pensar dos veces qué tan malo fue realmente el General Porfirio Díaz.
Valga decirlo, un héroe de guerra mexicano, muy disciplinado, un General que jamás traicionó a la república, y al entonces presidente Juárez, y que cuando llegó al poder trabajó para que México fuera una potencia mundial, el mismo nivel de potencia que al igual que aquel territorio nacional, los Estados Unidos de Norteamérica le robaron al país.
Como todo ser humano, Díaz también se equivocó y no pudo encontrar en quién depositar la confianza para entregarle el manejo del país, desde la silla, desde el poder máximo, sabía que la persona equivocada en esa posición sería la ruina para el país, destruiría todo lo avanzado.
Honestamente, y en mi humilde opinión, el General no estaba equivocado.
Después de muchos años seguimos sin entender por qué hoy en México no tenemos monedas de oro y plata en circulación, no sabemos quién explota las minas nacionales, las que se supone son propiedad de todos y tampoco sabemos cuánto oro y plata produce México diariamente.
Gobiernos van y vienen, y los ladrones siguen haciendo lo mismo, cambian los partidos políticos pero la élite, la casta política sigue siendo la misma de siempre, aquellos políticos tramposos que vendieron al país en 1910 hoy siguen presentes, hijos, nietos y bisnietos, haciendo exactamente lo mismo, nada más que sin recato alguno, sin importarles las formas.
Perdieron todo pudor para exhibir su nueva opulencia, para demostrar músculo y poder económico, aún no terminan sus encargos públicos y ya tenemos impresentables como el senador Gerardo Fernández Noroña insultando la inteligencia nacional con una casita a la medida «del muñeco».
Caray, después de saber los enjuagues de «La Barredora» y su inminente nexo con Adán «N», se pueden entender aquellos sobres amarillos llenos de «felicidad franciscana», mismos que le hicieron gordo el caldo a los hermanitos «Vivanco», y los cambió de la noche a la mañana de simples mortales en terratenientes «en cash», hermanos del viejo bolivariano.
Que quede claro, en otro tiempo, una sola pizca de estas cosas hubiera sido un escándalo de mayúsculas dimensiones, pero hoy, cada escándalo va tapando la sorpresa del anterior, en medio de cada escándalo aplican la frase «poderosa»: Al fin que el PRI robó más.
Decían que México jamás sería como Venezuela y ¿qué creen?, apoco todavía no se dan cuenta, que estamos a cinco minutos de perder lo más valioso que tenemos como mexicanos, nuestra libertad.
«Justicia social, mis tompiates».
Quien siga pensando que aquellos ladrones imaginarios del pasado son los culpables de los problemas que tenemos como país hoy, les informo que el verdadero origen del problema son ustedes mismos.
No se les pide mucho, nada más que las poquitas neuronas que aún les quedan las utilicen correctamente, sin filias y fobias, se darán cuenta que llevamos siete años de retraso, en sectores prioritarios, en infraestructura educativa, infraestructura pública, sector salud, en economía, y de inseguridad.
Lo demás son puros sueños de resentimiento puro, hacia todo lo que huela a capitalismo, algo muy lamentable, pues solamente cuando existe el libre mercado, el capitalismo puro, es cuando un país se torna realmente próspero, y no lo digo yo, lo dice la historia, ni más ni menos.
La deuda pública estaba en 10.5 billones de pesos y ya vamos en más de 20 billones y contando.
Vivimos en un país donde los que manejan el sector público lo hacen tan mal que cada día se gastan nada más extras del gasto corriente, cuatro mil millones de pesos, repito, diariamente cuatro mil millones de pesos,
La pregunta obligada, con ese panorama, ¿Y todavía quieren aplausos?
¡Naaaa!
Por mi parte… ¡Es cuánto!
