HÉCTOR F. SALDÍVAR GARZA
El Partido Revolucionario Institucional (PRI) se fundó a un centenario de la Revolución Mexicana, y 200 años de la independencia de México, justo el 4 de marzo de 1929, bajo la iniciativa del licenciado y general Plutarco Elías Calles con el nombre de Partido Nacional Revolucionario.
La razón principal de crearlo fue que hasta ese momento aún existían residuos del Movimiento Revolucionario, constituido por grupos de personas que operaban en zonas específicas del país, bajo la dirección de exlíderes del conflicto armado de aquellos años aciagos y fue ideado como una medida para pacificar a la Nación, aprovechando que el general Calles gozaba de gran respeto al interior del Ejército y simpatía dentro de la sociedad mexicana.
Los grupos de poder político, y quizá económico, pensaron que esta acción podría unificar criterios y funcionar como apoyo gubernamental. En el año 1938, siendo presidente de la República el general y licenciado Lázaro Cárdenas del Río, cambia de nombre a Partido Revolucionario Mexicano, siendo su propósito principal fortalecer el carácter popular y corporativista del Sistema.
Para cumplir esta finalidad se creó la Confederación de Trabajadores de México (CTM), la Confederación Nacional Campesina (CNC) y la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), considerando que a través de ellas se incorporaría al partido cualquier ciudadano mexicano.
A través de mi experiencia pude observar que sus integrantes se organizaron en sindicatos, federaciones, confederaciones y estas se adherían a las centrales nacionales antes mencionadas, las cuales a su vez obtenían posiciones políticas de elección popular como diputaciones, senadurías, presidencias municipales, gubernaturas y hasta la Presidencia de la República, de acuerdo con la cantidad de miembros y la disciplina mostrada en las actividades que les encomendaban.
Asimismo, se asignaban posiciones burocráticas en los organismos que formaban parte de los gobiernos, como el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores al Servicio del Estado (ISSSTE), Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y otras similares.
Las actividades políticas continuaron y en las elecciones siempre ganaban los líderes propuestos por el Gobierno federal, representado por el Presidente de la República en turno, quien decidía la totalidad de las posiciones.
En el año 1946, figurando como presidente de México el licenciado Manuel Ávila Camacho, el Partido Revolucionario Mexicano se transformó en Partido Revolucionario Institucional (PRI), con el objetivo de dejar de conducirse como un ente transformador radical, y fortalecer su carácter popular y corporativista, lo cual definió la ruptura con la idea original de su fundación que era lograr una mayor democratización de la sociedad.
Reflexiones…
En este momento de la reseña considero prudente detenerme para reflexionar sobre algunos puntos que explicaré a continuación.
Observando la conducta de la mayoría de las personas en nuestra sociedad, he constituido la opinión que por una parte no es de su agrado participar en acciones que impliquen algún tipo de competencia, por lo consiguiente los sindicatos no mejoran porque se carece de nuevos líderes que formen grupos de contrapeso a la oficialidad.
Tal comportamiento conduce a la sociedad a mantener liderazgos que suelen eternizarse y con el transcurso del tiempo esto se tradujo en enriquecimiento inexplicable, nepotismo, corrupción general e igualmente se detiene u omite la distribución adecuada del ingreso y frena el desarrollo.
Realmente se ignora la razón por la que se manifiesta esa conducta, puede ser consecuencia del proceso educativo, pero igualmente podría deberse a la herencia genética u otros factores, porque sobre el ser humano aún existen múltiples cuestiones que no se han estudiado profundamente, para detectar elementos que las clarifiquen de mejor manera. Un ejemplo reciente lo tuvimos con el descubrimiento de que quienes poseen sangre europea son más propensos a adquirir cáncer.
Otra cuestión por la que debería revisarse con mayor énfasis son los motivos por los que habitantes de ciertas áreas del mundo son más accesibles a soportar una dirección con trato enérgico. En México tenemos el ejemplo de Porfirio Díaz, general muy temido por su trato brusco en el tiempo que estuvo en el poder, aproximadamente 35 años; igualmente el caso de Fidel Velázquez en la CTM, quien fungió como líder durante 53 años.
A mayor abundamiento, pueden observarse liderazgos como el que ha mantenido Cuba, que es por motivos ideológicos y, en estos casos, el líder es aceptado por el afecto que despierta en sus seguidores. Igualmente se aprecia este respeto a través del tiempo que duraba un imperio en la zona en la que actualmente se localiza a México.
Independiente de los factores que pudieron incidir en la manifestación de estas negatividades, la educación puede ser un factor mediador que corrija, mejore o frene las problemáticas sociales; esto ya lo han planteado algunos educadores mexicanos, como Gabino Barreda con la educación positivista; Justo Sierra con la educación equitativa y promotor de las Humanidades, Rosaura Zapata promotora de la educación preescolar y otros.
En el tema que nos ocupa, el PRI, su liderazgo se prolongó durante 71 años por algunas razones como las siguientes: Provenía de un movimiento revolucionario que generalmente provocan fuerte dolor social y transformaciones radicales; forjó cuadros políticos con organización estrecha y una dependencia sólida de la Presidencia de la República, la cual paulatinamente se fue desmoronando por las calamidades que surgieron como anteriormente se ha mencionado.
