Ejercitarse no es cuestión de edad… ¿O sí?

ANGEL CAMACHO

Hacer ejercicio es una de las mejores decisiones que podemos tomar para cuidar nuestra salud. Sin embargo, existe una idea que debemos cambiar: no todas las personas necesitan hacer el mismo ejercicio ni con la misma intensidad.

El organismo cambia a lo largo de la vida. No es lo mismo el cuerpo de un niño que el de un adolescente, un adulto joven, una persona de mediana edad o un adulto mayor. Por eso, una rutina que puede ser adecuada para una persona puede resultar excesiva, poco útil o incluso riesgosa para otra.

En los niños, la actividad física debe ser principalmente recreativa, variada y acorde con su desarrollo: correr, saltar, jugar, nadar, andar en bicicleta o practicar algún deporte. Más que buscar grandes cargas o entrenamientos extenuantes, se debe favorecer el movimiento, la coordinación, el equilibrio y el desarrollo de habilidades.

Durante la adolescencia y juventud existe mayor capacidad para realizar actividades de mayor intensidad. Pueden incorporarse ejercicios cardiovasculares, deportes y entrenamiento de fuerza, siempre con una técnica adecuada y una progresión gradual. La edad, el nivel de entrenamiento y los objetivos personales deben determinar la intensidad.

En los adultos, la actividad física puede combinar ejercicio aeróbico, fortalecimiento muscular, movilidad y flexibilidad. Caminar, correr, nadar, andar en bicicleta, bailar o entrenar con pesas pueden ser excelentes opciones, pero la intensidad debe ajustarse a la condición física y a los objetivos de cada persona.

Y en los adultos mayores, mantenerse activos es fundamental. Caminar, realizar ejercicios de fuerza con cargas apropiadas, trabajar el equilibrio, la movilidad y la flexibilidad puede ayudar a conservar la independencia y disminuir el riesgo de caídas. En esta etapa, más que competir contra el reloj, se trata de conservar fuerza, movilidad y calidad de vida.

Pero hay algo todavía más importante: la edad no es el único factor que determina qué ejercicio podemos hacer. También debemos considerar nuestro estado de salud, condición física, peso, antecedentes, lesiones, medicamentos, nivel de entrenamiento y objetivos.

Por eso, antes de copiar la rutina de alguien más, seguir el entrenamiento de una celebridad o realizar ejercicios que vemos en redes sociales, vale la pena preguntarnos si realmente son adecuados para nosotros.

Acudir con profesionales de la actividad física y de la salud puede hacer la diferencia. Una valoración permite establecer objetivos realistas y diseñar una rutina acorde con nuestra edad, condición física y necesidades, además de determinar cómo aumentar progresivamente la intensidad.

Hacer ejercicio debe ayudarnos a vivir mejor, no convertirse en una competencia ni en una fuente de lesiones.

No se trata de hacer más ejercicio, sino de hacer el ejercicio adecuado para nosotros. Porque cada etapa de la vida tiene sus propias necesidades y nuestro cuerpo merece que aprendamos a escucharlo.

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Y recuerden amigos, en Salud Pública… “Es mejor prevenir, que curar”.