Crónica de un inútil retén carretero

El Espectador

Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Los tiempos presupuestados por este conductor se cumplían; salir de Ciudad Victoria a la frontera resultó con un tráfico normal en la periferia de la Capital tamaulipeca, con los ya clásicos cuellos de botella en los entronques del libramiento Naciones Unidas, justo en las salidas a Monterrey y Matamoros.

Es ruta ineludible para quien deja la ciudad saliendo de algún punto del noroeste; pasar por el crucero de la calle 16 también es de paciencia reservada, pero todo transcurría de acuerdo con lo previsto para ser una mañana de sábado.

Conducir por Güémez no genera problema alguno y la repavimentación del tramo urbano de Padilla hizo que la reducción de velocidad fuera menos drástica para los automovilistas… Se acabaron los grandes baches y las viejas boyas, esas que apenas sobrevivían al paso constante de vehículos, incluidos los pesados de carga.

El trayecto continúa sin contratiempos por Jiménez, lo que permite admirar el nuevo paradero turístico en este municipio, a un poco más de cien kilómetros de esta Capital; el monumental venado cola blanca no tiene desperdicio para las clásicas fotografías del recuerdo.

Mientras el kilometraje aumenta se ve una buena cantidad de patrullas de la Guardia Estatal en circulación, lo que brinda confianza y nos hace recordar que es tiempo de tomar una dosis de paciencia pues el retén militar está a unos cuántos kilómetros de distancia.

La baja afluencia vehicular y la agilidad de los soldados hace olvidar de manera rápida la preocupación por encontrarse con largas filas en las instalaciones castrenses, lo que cambiaría de manera drástica 70 kilómetros más adelante… Y no, nadie de nuestros acompañantes previó esta situación.

INICIA LA ODISEA…

Minutos después de dejar el libramiento que evita entrar a la mancha urbana de San Fernando hubo necesidad de frenar casi de golpe. Tráileres parados en la carretera al lado derecho y una espontánea (y en formación) fila central de automóviles privados nos indica ir por el lado izquierdo.

Es tierra de nadie. No hay señalamiento alguno… Menos agentes federales o estatales que ordenen la kilométrica fila, y aún salta la duda: ¿Qué pasaría más adelante? El nervio normal de cualquier automovilista hace pensar en un accidente.

Pero no. Logramos avanzar hasta cierto punto rápido al seguir haciendo un tercer carril, bajo el riesgo de que un trailero de la derecha nos echara su pesada unidad encima; al menos dos intentos esquivamos, pero lo más complicado era al venir las unidades desde el norte, sobre todo las pesadas.

Y es que solamente les dejamos un carril a nuestra izquierda y, en ocasiones, era mínimo el espacio ante la posición de las unidades del transporte de mercancías que no aceptaban la rápida decisión de los conductores de autos ligeros para hacer un segundo carril. Simplemente se paraban en medio y… Nadie que pusiera orden, a pesar de los riesgos.

Conforme avanzamos confirmamos la idea cada vez más firme: El problema era en la famosa “Y”, el punto en donde se separan quienes van a Reynosa de los que nos trasladamos a Matamoros… Mientras tanto seguíamos todos en el mismo embudo, peleando espacio codo a codo con los traileros sin que nadie acudiera a nuestro auxilio.

Al fin llegamos al retén resignados a tirar a la basura nuestros cálculos de tiempos de traslado en más de media hora. Sí, leyó bien, más de media hora nos frenó el retén de la “Y” y todo para nada… Sí, vuelve a leer bien, todo para nada porque no había revisión alguna para quienes nos desplazamos hacia la frontera.

Increíble, pero cierto, todos debimos bajar la velocidad a “paso de tortuga” durante más de cinco kilómetros por los topes de la “Y”, pero no había autoridad alguna que informara a El Espectador los motivos del retén obligado, a pesar de todos los riesgos que se corrían.

BUENOS PARA…

Finalmente, alcanzamos a cruzar palabras con una persona que portaba uniforme; pantalón caqui con camisa blanca y un logotipo al frente que no alcanzamos a identificar, dada la presión de los automovilistas detrás de nosotros para avanzar rápidamente.

Fue un diálogo fugaz, pero la vestimenta nos indicaba que era funcionario público, mas no así su actitud y respuestas. Saque usted sus conclusiones si las palabras del personaje en cuestión son las de una persona capacitada para estar bajo un toldo, en un retén “oficial”.

  • –“¿Y el retén?”, le cuestionamos.
  • –“¿Cuál retén?”, contestó rápidamente.
  • –“Pues el que nos habría de revisar”.
  • –“No hay ningún retén, que yo sepa.”
  • –“Entonces, ¿para eso nos detienen el paso?”, insistimos.
  • –“¡Dale!”, alcanzamos a escuchar cuando ya habíamos acelerado la marcha alcanzando a ver en el retrovisor un movimiento de manos nada amable.

Ningún efectivo de la Guardia Nacional, al interior de dos patrullas estacionadas a unos cuantos metros intervino, pero… Logramos ver que los compañeros del citado funcionario sí revisaban a los conductores, pero a los que transitaban de norte a sur, es decir, a aquellos que venían de Reynosa o Matamoros hacia Ciudad Victoria.

Al revisar las fotografías para esta colaboración y ampliar la imagen alcanzamos a leer en la parte posterior de las camisetas de uno de los funcionarios que cuestionaban a la paisanada: Secretaría de Finanzas, es decir, pertenecen al Gobierno del Estado.

Un trayecto de poco más de cien kilómetros nos esperaba para llegar casi una hora después de lo previsto a Matamoros. Transcurrió sin nuevos contratiempos y terminó el camino tamaulipeco no sin dejar un mal sabor de boca.

La realidad pega en la cara de este espectador victorense al recorrer otra buena cantidad de kilómetros… Porque en el “express way” 83, ya en el Valle de Texas, no hay este tipo de situaciones, que incomodan, más que por la pérdida de tiempo por no haber señalamiento alguno ni autoridad que controle el flujo vehicular desordenado.

Todo por la improvisación de los funcionarios estatales.