Alimentación saludable: Clave para el bienestar de niños y adolescentes

ANGEL CAMACHO

En un mundo donde los ritmos acelerados y la oferta de alimentos ultraprocesados parecen ganar terreno, la alimentación saludable en niños y adolescentes se convierte en un desafío urgente, pero fundamental. ¿Qué comen hoy los más jóvenes? ¿Cómo influye en su salud actual y futura?

En México, el sobrepeso y la obesidad afectan a más del 75 por ciento de las personas adultas y al 35.6 de la población infantil, de acuerdo con datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición.

En Tamaulipas la situación es aún más alarmante. Según cifras recientes, el 40 por ciento de los niños en la entidad padecen obesidad, ubicando al estado en el sexto lugar a nivel nacional en prevalencia de esta condición.

La infancia y la adolescencia son etapas donde se consolidan hábitos alimenticios que pueden durar toda la vida. Es crucial que los chicos aprendan desde temprana edad a reconocer qué alimentos les hacen bien y cuáles deberían consumir en menor medida.

Una alimentación desequilibrada, rica en azúcares, grasas saturadas y productos ultraprocesados no solo afecta el peso de los niños y adolescentes. También aumenta el riesgo de múltiples enfermedades que antes se consideraban exclusivas de los adultos, pero que ahora se detectan a edades cada vez más tempranas.

Enfermedades relacionadas con la mala alimentación en niños y adolescentes:

Obesidad y sobrepeso: Afectan a un porcentaje creciente de la población infantil en Tamaulipas, predisponiendo a enfermedades crónicas.

Diabetes tipo 2: Antes llamada «diabetes del adulto», ahora es común en adolescentes debido al alto consumo de azúcares y alimentos procesados.

Hipertensión arterial: La dieta alta en sodio y grasas, sumada al sedentarismo, está generando problemas de presión arterial alta en jóvenes.

Dislipidemias: Niveles elevados de colesterol y triglicéridos, relacionados con la ingesta de grasas trans y alimentos fritos.

Anemia: Consecuencia de una dieta pobre en hierro, afecta el desarrollo físico e intelectual.

Osteoporosis infantil: La deficiencia de calcio y vitamina D debilita los huesos desde temprana edad.

Enfermedades gastrointestinales: Como el estreñimiento, la gastritis o la colitis, derivadas de la falta de fibra y el exceso de comida chatarra.

Trastornos de la conducta alimentaria (TCA): Como la anorexia, la bulimia o el trastorno por atracón, vinculados a una relación poco saludable con la comida.

Caries dental: Favorecidas por el consumo excesivo de azúcares y una inadecuada higiene bucal.

Además de la alimentación, el entorno familiar y escolar juega un papel protagónico. El ejemplo de los padres es esencial. No sirve de mucho enseñar sobre frutas y verduras si en casa no se ven en la mesa. En este sentido, los comedores escolares también deben ofrecer opciones saludables, fomentando una cultura alimentaria positiva.

Por otra parte, el exceso de pantallas y la falta de actividad física agravan el escenario. Los especialistas recomiendan al menos una hora diaria de ejercicio para niños y adolescentes, además de establecer horarios regulares para las comidas y evitar que el tiempo frente al televisor o el celular esté acompañado de snacks poco saludables.

Fomentar una alimentación sana desde la niñez es, en definitiva, una inversión en salud. Se trata de darles a los más jóvenes las herramientas necesarias para tomar decisiones conscientes y responsables en torno a su bienestar.

Porque el futuro de la salud empieza en la mesa de hoy.

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Y recuerden amigos, en Salud Pública: “Es mejor prevenir… que curar”.