GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
En su debido momento lo compartí por medios digitales, a mediados de aquella primera administración transformadora, y en medio de una pandemia, el oficialismo comenzó a tejer una red de complicidades y anexas, que benefició a varias familias encumbradas en la política nacional.
Tenemos claros ejemplos como los Yunes, los Murat, los Fayad, los Eruvieles y muchos más que sirvieron para «transformar» la Constitución y, de pasadita, le dieron una puñalada a las libertades y democracia nacional.
En aquel tiempo comenté cómo en Venezuela «la Revolución Bolivariana» se habían apoderado de todo, también dejando a las pandillas de allá hacer con sus calles lo que les viniera en gana y les plazca.
Estoy hablando de Venezuela, no vaya usted a creer que en algún momento estuviese hablando de algún otro país, aunque la historia se repite un día sí y otro también; allá la “Revolución Bolivariana” se apropió del Poder Judicial, del Legislativo y del ejército, ni más ni menos.
¿Las saladitas son horneadas, vedaaa?
Después, la dichosa “Revolución Bolivariana” se apropió de minas, petróleo, agua, madera y de cuanta propiedad así se le hizo, y se le hace en gana; los ciudadanos no pudieron y no pueden defenderse legalmente, ampararse y pelear en tribunales, todos fueron enquistados, jueces y magistrados afines al oficialismo venezolano, dicen muy altaneros «exprópiese, en nombre de la ‘Revolución Bolivariana’».
En Cuba «la revolución» es dueña de las mejores fincas, ranchos, ojos de agua, pozos, recursos naturales, de todos los peces y crustáceos que nadan en las aguas de la isla; ojo, un cubano no puede pescar en la orilla del mar porque los peces son de la revolución, decomisan sedal, cañas, anzuelos, plomos, todo.
Cuba exporta camarón gigante a otros países, pero su gente jamás ha comido un solo camarón, exporta filete de pescado, pero su gente no come pescado, esas son las incongruencias de ese tipo de ideologías estúpidas, que hacen creer al pueblo lo que ellos quieran, les hacen creer que así es como debe de ser, culpan a otros de su propia miseria e incongruencias y les dan una beca mensual para que el pueblo siga creyendo que aquel gran Líder fue bueno, y que aquel Líder realmente en algún momento de su miserable y lujosa vida amó a su pueblo.
Pero tanto el gran Líder y sus hijos, como también la pandilla de incondicionales y aduladores, me refiero a miembros de la casta, esos que saquean las arcas públicas como marranos en tobogán, esos también se tendrán que ir y quedarán en la historia «del nunca jamás».
Estoy hablando de Cuba y Venezuela, pero ya encarrilados, aquí en México tuvieron la gran oportunidad de hacer las cosas bien, pero lamentablemente, en el momento de decir con la manita levantada «sí, protesto», se volvieron locos, se convirtieron en todo aquello que antes tanto criticaron, se convirtieron en una caricatura muy pedorra de aquello mismo que antes les causaba asco y malestar estomacal.
Hacen exactamente lo mismo que hacían aquellos corruptos, ladrones y farsantes, parece de risa que se llenaban la bocota, en sus discursos de campaña, hablando de aquellos corruptos y decían, casi al borde de las lágrimas y envueltos en la bandera tricolor, «no puede haber gobierno rico con pueblo pobre».
Les regalamos un hermosos y respetuoso recordatorio maternal.
Se aprovecharon de la gente y se siguen aprovechando de todos aquellos privilegios que antes odiaban, hasta me acuerdo cómo les causaba urticaria «de la decente». ¿Pero ahora, qué tal?
¿Verdad que no es lo mismo ser borracho que ser cantinero?
¿Verdad que no se puede tapar el sol con un solo dedo?
¿Verdad que nadie puede creer que aquel hombre con 200 pesos en su cartera hoy construye mansiones en Cuba y Venezuela?
¿Verdad que nadie puede creer que ahora España también a ellos les gusta para vivir?
Caray, mientras las cosas sigan así, aventando confeti por «los grandes resultados», pero con ejecuciones a plena luz del día, en medio de vehículos llenos de familias tamaulipecas.
Honestamente se ven mal, diciendo que «vamos muy bien» cuando en realidad las cosas se pondrán color de hormiga.
Esto apenas comienza, por algún lado se tenía que desgranar la mazorca, lamentablemente.
Mientras todo eso pasa, aquí igual que allá en Cuba y Venezuela, hoy quieren hacernos creer que para ahorrar dinero la única manera inteligente y transformadora es recortando el gasto electoral, ni más ni menos.
¿Ahora sí ya nos estamos explicando?,
Se los pedimos de una manera muy respetuosa: ¿Por qué no cierran todas las casas de gobierno y venden todo el parque vehicular de lujo, aviones y helicópteros?
Sería mágico que cada gobernador se haga cargo de sus propios gastos, así como lo hace el pueblo.
La ciudadanía no tiene por qué mantener parásitos y menos los lujos a los que se acostumbraron tan rápido, así fast track.
¿Por qué no le preguntan a la ciudadanía si están de acuerdo en mantener lujos, excentricidades y estupideces, esas que hoy se pagan con dinero público, para que políticos y sus familias se den la gran vida?
Alguien se los tiene que decir, y decir bien clarito, al pueblo no le gusta que los políticos los utilicen, al pueblo no le gustan los farsantes que prometen una cosa, pero a la mera hora resulta que se emborrachan de aquel mismo poder que antes criticaban.
Por eso es inminente defender lo único que le queda a este bendito país, si es que aún existe; ojo, todavía hoy la democracia es de todos.
La democracia no es propiedad de una pandilla de porros, afines a una secta de tarados, soberbios y borrachos de poder.
No señor, no se vale que después de acceder al poder en 2018 resulta que quieren cambiar las reglas del juego, nuevamente, la porra desde «gayola» les manda una hermosa, respetuosa y religiosa… pastilla de menta.
Por aquello de no perder la costumbre. Por mi parte… ¡Es cuanto!
