Hace apenas unos años era posible transitar libremente por las carreteras de este país, existía de todo, prácticamente igual que hoy.
Las modas y las sustancias pero es lo mismo, aunque en diferentes épocas.
¿Por qué antes respetaban a la población civil? ¿Por qué antes los niños no tenían que tirarse al piso en sus escuelas para salvaguardar sus vidas?
Caray, en algún momento las cosas cambiaron, me queda muy en claro, siempre respetaré todas las profesiones o a lo que se dedica la gente, yo nadie soy para juzgar a quien se dedica a tal o cual cosa.
Nadie sabe el entorno y el porqué de las cosas, así que todos deberíamos de respetarnos por igual, tanto el patrón como el empleado, el vecino, el encargado de la tiendita de la esquina, el oficial de tránsito, todos deberíamos de respetarnos por igual.
Cuando eso pase, las cosas cambiarán para bien.
Qué tan difícil es regresar a aquellos tiempos en que todos por igual nos respetábamos y podíamos convivir en armonía absoluta, sin fallas, sin cobro de piso, sin afectar a la ciudadanía.
Al contrario, todos desde cada trinchera deben ver siempre en beneficio de la ciudadanía, de su propio entorno, de su colonia; todo cuenta, cualquier granito de arena ayuda, y mucho, a cambiar esta jungla en que nos tocó vivir.
La austeridad…
Palabra clave dentro de las campañas políticas, a lo largo y ancho del país: es común ver discursos que terminan en lágrimas por parte del orador y del «respetable», hablando de la austeridad y del cambio verdadero, caray.
¿Dónde está la austeridad en el uso de vehículos de lujo en cada dependencia pública hoy?
¿Quién les dijo que para moverse un servidor público ocupa de una camioneta de a millón de pesos en adelante? No señor.
¿Por qué siguen usando los jets y aviones para frivolidades en la administración pública?
¿Helicópteros? ¿Suburbans blindadas? ¿Qué está pasando en sus cabecitas? ¿Se volvieron locos?
Hay que aterrizar todo y bajarle dos rayitas a su espuma en el champurrado.
Si en sus «limitantes» creen que el respeto en la gente se gana despilfarrando el dinero público en ese tipo de cosas, déjenme comentarles que están muy equivocados.
Bueno, el día que las patrullas en México sean pickup’s Nissan, doble cabina cuatro cilindros, pues como quiera no agarran a nadie, y además cuestan muy caro «así como trabajan hoy», paseándose en troconas ocho cilindros y sin sentido alguno.
¿Carros patrulla? Aquí están los vehículos compactos, Nissan, Chevrolet, también cuatro cilindros, desde ahí se tiene que partir y en el ejército debe ser igual, vehículos de acuerdo a la economía del país, se supone que son vehículos «de trabajo».
Agarrando el corte con todo ese despilfarro actual se pueden tener muy buenos resultados, a muy corto plazo, pero tal parece que no les interesa bajarse de la nube, siguen allá muy en alto, alejados de la realidad de la ciudadanía, a ras de cancha.
La «Prensthon»
La historia se remonta décadas atrás, un medallista olímpico ruso, Ivanovic Prensthon, llegó para defender su quinto título en lucha olímpica, cuatro olimpiadas como campeón y buscaba refrendar su dominio en la categoría de los pesos completos,
Instalados en la final, Ivanovic Prensthon se enfrentaba a la gloria mexicana de la lucha, Filemón González.
Antes de la lucha, el entrenador mexicano le pide a Filemón no perder de vista las manos del ruso, pues siempre busca neutralizar a sus oponentes con esa temible llave, autoría de él mismo, llamada en su honor como «la Prensthon».
Es un candado múltiple, que acaba en segundos con la integridad de cualquier oponente que se enfrente a ella; hasta ese día Filemón aceptó los consejos y subió al primer round.
Pasaron los primeros minutos y Filemón pudo mantener la distancia con el ruso Ivanovic Prensthon, antes del segundo round el entrenador mexicano le recuerda nuevamente a Filemón cuidarse de «la Prensthon».
Al iniciar el segundo round, en un movimiento rápido el ruso toma ventaja, y aplica la terrible llave «Prensthon» a Filemón, el estadio entra en shock, Filemón está perdido, el entrenador mexicano baja la mirada al piso, sabiendo que Filemón está a punto de terminar su única y última oportunidad, se hace un silencio sepulcral en el estadio…
Cuando de pronto la multitud grita, el entrenador mexicano sube la mirada, no lo puede creer, sus ojos ven a Filemón levantando por los aires al luchador ruso, lanzándolo fuera de la lucha, ganando la medalla de oro.
Inmediatamente entre gritos y aplausos la medalla es para México, algo más que una hazaña, el mexicano abraza a su entrenador, gritan, lloran de alegría.
En ese momento el entrenador mexicano felicita nuevamente y le pregunta a Filemón al oído: ¿Qué pasó, cómo lo hiciste?
Filemón miró fijamente a los ojos a su entrenador y contestó;
«Entrenador, en mi último aliento, cuando todo estaba perdido, abrí mis ojos, y pude ver de manera borrosa un par de ‘webos’, con las últimas fuerzas llegué a ellos y los mordí, lo hice lo más fuerte que pude», el entrenador preguntó a Filemón: «¿Eran los ‘webos’ del ruso?»
Filemón contestó «No señor, eran mis propios ‘webos’, no sabe usted entrenador la fuerza que se puede adquirir en segundos, cuando te muerdes tus propios ‘webos’».
Por mi parte… ¡Es cuanto!
