Las letras a 360°

ASBEL MAR

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.”

Este fue, por muchísimos años, el poema base de toda mi lírica, renegué de la prosa y sentía que el único que podía entender mis versos era Pablo Neruda. Me arrepiento de haberme negado a tanto.

Sé que sabemos el origen de las tendencias, que son casi imperceptibles y la mayoría infames, disculpara usted, quise decir, efímeras. E importantísimo tener en cuenta: cíclicas.

Todas las tendencias, las modas, que malamente llamamos pasajeras, vienen siendo en realidad algo… que simplemente vuelve a ocurrir. Por eso hoy vemos moda dosmilera, escuchamos música retro y leemos poemas desesperados, por decir lo menos.

Quiero contarles que cuando era niña, puberta pues, me fascinaba decirle al mundo entero que YO leía todo lo que nadie más entendía, que mi mente poco preparada y mis escasos años de vida eran suficientes para comprender versos de ese tal Neruda, o leer a G.G. Márquez, o que a mí sí me había dado risa el “Periquillo Sarniento” (todas mentiras, por supuesto) y motivada de esa superioridad intelectual que me daban seguí creyendo que este señor vendría a ser un genio, que por muy famoso que fuera, solo era capaz de conectar esos sentimientos conmigo. O con lo que yo quería escribir.

Hoy, un poco más vivida y con la firme convicción de leer escritoras mujeres, me doy cuenta de que justamente este tipo de poesía era una simple etapa de tendencia. El libro había sido publicado muchísimas décadas atrás y un día, junto a la ola de libros adolescentes y lecturas ligeras, volvió para reafirmar su posición entre los jóvenes, que, dígase más menos, marginados, diferentes o hasta torpes. No es que esté mal, pero me temo que hoy en día estamos viviendo la segunda vuelta de un evento como este que les menciono. Con la muy desdichada Alejandra Pizarnik y su poemario “Poesía Completa” veo cómo crece el interés por su vida, la empatía por su muerte y el refugio de sus letras.

No me malentiendan, no estoy comparando a estos escritores, más bien trato de reflejar el contraste, irremediablemente sucede en la mayoría de estos casos que nos quedamos con un poemario, una obra impresionante, y todo el resto del trabajo: desprestigiado.

De hecho, agradezco que la obra más popular, al menos coloquialmente, de Neruda sea “20 poemas de amor y una canción desesperada”, porque puede ser lo más decente que tenga y eso ya es mucho que decir.

Por otro lado, y se los digo con genuina preocupación, conocer únicamente una obra de Pizarnik sería un desperdicio de conocimiento. Lo asemejo a Van Gogh, del que se habla mucho por “La Noche Estrellada” y poco de su enorme repertorio de arte.

Si la tierra gira, nosotros giramos con ella; las películas vuelven, la música regresa y las letras retoman su lugar. Lamentablemente somos selectivos, que, claro, tiene sus excepciones y sin embargo intentarlo siempre vale la pena.

Les comparto un pedacito de mis pensamientos con las letras, mi desapego con alguien que admiré por muchísimos años y la invitación latente de seguir nutriéndonos de todo lo que podamos. Lo bueno lo tomamos con fuerza y lo malo será aprendizaje inducido.

Para todos ustedes no es secreto que lo que más disfruto es precisamente leer y, a modo de revolución contra el sistema que mueve los hilos sociales, apartaré este espacio, donde analizaremos los guiones, narrativas o lecturas populares de la actualidad para contrarrestarlas con esas joyas que permanecen escondidas, esperando a ser descubiertas.

Espero que disfruten este espacio tanto como yo y espero seguir leyéndonos la próxima semana.