Ola de calor y salud pública: Un riesgo creciente que exige medidas urgentes

ANGEL CAMACHO

Las olas de calor se han vuelto cada vez más frecuentes e intensas en distintas regiones del mundo, como consecuencia del cambio climático. Este fenómeno representa un serio riesgo para la salud pública, especialmente para los grupos más vulnerables como personas mayores, niños, personas con enfermedades crónicas y quienes viven en condiciones de pobreza o hacinamiento.

Las altas temperaturas prolongadas pueden provocar una serie de problemas de salud, entre los que se destacan:

Golpe de calor: una condición potencialmente mortal que ocurre cuando el cuerpo no puede regular su temperatura, provocando confusión, desmayo, convulsiones e incluso la muerte si no se trata a tiempo.

Deshidratación severa: el calor excesivo provoca una mayor pérdida de líquidos, lo que puede llevar a desequilibrios electrolíticos peligrosos, especialmente en niños pequeños y adultos mayores.

Agravamiento de enfermedades preexistentes: personas con afecciones cardíacas, respiratorias o renales pueden ver deteriorada su condición ante el estrés térmico.

Problemas respiratorios: el calor puede intensificar la contaminación del aire, lo que agrava el asma y otras enfermedades respiratorias.

Aumento de enfermedades transmitidas por vectores: temperaturas elevadas pueden favorecer la proliferación de mosquitos y otros vectores, lo que incrementa el riesgo de enfermedades como el dengue, zika o chikungunya.

¿Qué podemos hacer para prevenir los efectos del calor?

Las siguientes medidas preventivas son esenciales para proteger a la población:

1. Hidratación constante: Beber agua regularmente, incluso sin tener sed. Evitar bebidas con cafeína, alcohol o alto contenido de azúcar, ya que pueden contribuir a la deshidratación. Ofrecer líquidos con mayor frecuencia a niños pequeños, personas mayores y enfermos.

2. Evitar la exposición directa al sol: No realizar actividades al aire libre entre las 10:00 y las 17:00, cuando el sol es más intenso. Usar sombreros de ala ancha, gafas de sol y protector solar (FPS 30 o más). Buscar sombra siempre que sea posible.

3. Vestimenta adecuada: Usar ropa liviana, holgada y de colores claros. Evitar prendas oscuras o sintéticas que atrapan el calor.

4. Permanecer en ambientes frescos: Permanecer en lugares ventilados, con sombra o acondicionados. Refrescarse con paños húmedos, duchas frías o ventiladores. En caso de no tener acceso a aire acondicionado, acudir a centros comunitarios o refugios climatizados cuando estén disponibles.

5. Cuidado de la alimentación: Consumir comidas frescas, ligeras y con alto contenido en agua (frutas, verduras, jugos naturales). Evitar alimentos pesados, muy grasosos o que puedan descomponerse fácilmente con el calor.

6. Atención a grupos de riesgo: Visitar o contactar regularmente a personas mayores que vivan solas. No dejar a niños, adultos mayores ni mascotas en vehículos cerrados. Supervisar a pacientes con enfermedades crónicas o en tratamiento farmacológico.

7. Preparación del hogar y el entorno: Mantener cerradas cortinas o persianas durante el día. Usar ventilación cruzada para refrescar la casa por la noche. Limpiar canaletas y revisar el funcionamiento de ventiladores y aires acondicionados.

8. Conocer los signos de alerta: Es vital identificar los síntomas de afecciones relacionadas con el calor, como el golpe de calor: piel seca y caliente, confusión, pulso acelerado, vómitos, pérdida del conocimiento. Y la deshidratación: sed intensa, fatiga, orina oscura, mareos. Ante cualquiera de estos signos, buscar atención médica inmediata.

Las autoridades deben implementar campañas preventivas claras, accesibles y masivas, especialmente en zonas de alto riesgo. La coordinación entre servicios de salud, educación y asistencia social es clave para reducir el impacto del calor sobre la población.

El calor extremo es un riesgo que podemos enfrentar mejor si actuamos con responsabilidad y conciencia. Las medidas preventivas salvan vidas, y su aplicación debe formar parte de una política pública seria, con especial atención en las personas más vulnerables.

Si les gustó la nota y les pareció interesante, los invito a compartirla en sus redes sociales. Me pueden leer la próxima semana, para más consejos A tu Salud. Y recuerden amigos, en Salud Pública: “Es mejor prevenir… que curar”.