GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
Después de todo, vale la pena preguntarnos ¿en qué cambia la historia?, cuando se le llama de una forma u otra al rancho en Jalisco; está de más decir que, al final de cuentas, es lo mismo, pues, aunque lo llamen «un campo de entrenamiento y adiestramiento», al final del día ahí mataron personas, ahí «exterminaron» vidas humanas, por alguna causa u otra, según los mismos relatos recabados en las pesquisas.
Así lo expuso el «súper policía» y secretario de Seguridad Ciudadana de México, Omar García Harfuch, palabras más palabras menos.
A todas las personas que llegaban al rancho y que no cumplían con las órdenes, o quienes no daban con el perfil de “los contratantes”, eran sacrificados, exterminados, asesinados.
Como usted quiera llamarle, es exactamente lo mismo, los zapatos no mienten, los zapatos estaban semi quemados, las mochilas y la ropa no mienten, también estaban semi quemadas, ahí están las primeras imágenes, hay un cuarto lleno de tizne por dentro y por fuera.
¿Y la Fiscalía anda buscando hornos? El rancho fue un lugar que las autoridades, supuestamente desde septiembre pasado, tenían «incautado» y bajo control de la Fiscalía.
¿Y cómo le hicieron para «reclutar» gente quienes llegaron mayormente engañados, después de esa fecha?
Aún es inexplicable, los enganchaban, según la versión oficial, en redes sociales, mujeres y hombres jóvenes, en busca de una vida mejor, una oportunidad para cambiar su situación económica, su vida familiar.
Al final, hoy esas mismas familias claman justicia por sus familiares desaparecidos, las mismas familias que reconocieron las pertenencias de sus hijos, hermanos y amigos, ahí en ese rancho.
Qué importante es tener a las madres buscadoras, ellas localizaron el rancho, también las pertenencias, los restos humanos, sin que el Gobierno moviera un solo dedo.
Las investigaciones seguirán, hasta que se llame como se llame, sea aclarado el tema, saber cuántos perfiles genéticos fueron encontrados en ese predio y además se deslinden responsabilidades.
Hoy, como Estado, en el Gobierno son y seguirán siendo una profunda vergüenza, son más figuras decorativas, de ornato, que cuestan muy caro y dan nulos resultados.
La ciudadanía merece otro futuro, México merece tranquilidad, en todo el país, más en localidades que son consideradas focos rojos, por el mismo Gobierno.
La ciudadanía se siente sola, sin tener quién les defienda de esta situación, sin un Estado decidido a cambiar la película de terror que domina la vida pública actual, a lo largo y ancho del país.
Si en realidad el Gobierno mexicano quiere cambiar en algo las cosas, y frenar esta situación buscando el bienestar ciudadano, se requiere voluntad y tener sentido común.
No se requieren medallas militares o títulos de maestría y doctorado en criminología, nada más hace falta hacer lo siguiente.
Desde la esquina del país, allá en Baja California, la nación debe formar un bloque militar, de 50 mil o más elementos, de la Marina, del Ejército mexicano y Guardia Nacional, es indispensable que estén armados hasta los dientes, con tanques de guerra y helicópteros, y así, que peinen cada metro cuadrado del país, hasta llegar a la frontera con Guatemala.
Ojo, cada metro cuadrado, cada localidad, cada rancho, cada parcela, cada montaña, cada monte, todo, que no quede una piedra sin mover, un núcleo urbano sin revisar.
Un ejercicio así duraría apenas unos meses y verán que no queda un solo delincuente causando daño a gente inocente, no queda un solo extorsionador, que afecte la iniciativa privada, no queda un solo secuestrador, que rompa la tranquilidad de las familias de bien, de la sociedad civil.
¿Verdad que sería muy fácil?
¿Por qué no lo hacen?
Dicen en el rancho y dicen bien: «¿Para qué entrar en detalles?»
Como mexicanos, merecemos un lugar mejor, dónde poder desarrollarnos sin tener que tirarse al suelo para salvar la vida, en medio de una de esas balaceras cotidianas.
Algo se tiene que hacer y se tiene que hacer lo más pronto posible.
Qué diferencia hay con aquel México de los años 80, donde era un país libre, donde había de todo, y cuando digo todo me refiero a todo, en cantidades industriales, era la época «disco» en Norteamérica. En aquellos años en México era normal viajar a cualquier hora del día y de la noche.
Aquí en Ciudad Victoria muchas familias viajábamos de compras a Brownsville, Texas, «de ida y vuelta», el mismo día.
La salida era a las cuatro de la mañana, con lonche, para llegar amaneciendo a Matamoros, cruzar el puente temprano, hacer «compras» y regresar después de cenar a las ocho de la noche, antes de las nueve el carro iba saliendo de Matamoros rumbo Ciudad Victoria, con una absoluta tranquilidad en la carretera nacional.
¿Quién hizo esa travesía? Lamentablemente hoy no se puede, ni modo, así toca.
La diferencia entre aquel México y este está en la pérdida de valores humanos, la falta de ética a la hora de la toma de decisiones, la ambición desmedida, porque antes, está demás decirlo, también había corrupción, el gobierno estaba coludido con las organizaciones de gente de respeto, esas que manejan «el darkside» del país.
Sólo que aquellos señores respetaban a las familias, respetaban códigos, respetaban a la población civil, aquellos señores daban y recibían respeto de la población, incluso hay historias de generosidad protagonizadas por aquellos señores, guardadas en la memoria de los que vivieron aquella época, eran personas «de respeto», se dedicaban a lo suyo, sin molestar a la población civil y sus actividades socioeconómicas.
Pero en algún momento la brújula se perdió, ojalá y pronto se recupere porque México merece aquella tranquilidad, por el bien de todos y por el bien de las futuras generaciones, que aún no entienden la gravedad de este espinoso tema.
Vale la pena rezar para que así sea, y las cosas cambien para bien.
La paz social le conviene a todos, pero en el remoto caso en que algún mexicano o extranjero piense lo contrario, en mi rancho les dicen «traidores a la patria».
Por mi parte… ¡Es cuanto!
