GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
Que para llegar a trabajar al sector público, para llegar a ser representante en cualquier puesto de elección popular, antes y siempre antes, sea quien sea, tuvieran que pasar por estrictos exámenes de control y confianza, examen psicométrico y anexas.
¿Para qué? Para poder garantizar a la ciudadanía que cualquier persona que llegue ahí, a manejar dinero público, y de cualquier partido político, sean cien por ciento honestos y no se presten (como hoy), a las cosas que hacen, las mismas que se hicieron ayer, y por lo que se ve, las mismas cosas que seguirán haciendo de aquí en adelante, mientras los «iluminados del momento» no tengan freno en su desmedida ambición.
Eso de traficar con influencias, además de inflar los costos en las obras, servicios y acciones públicas, durante cualquier gestión, aquí y en China, se llama «traición a la Patria».
¿Quién, que está bien de sus ideas y cuerdo de mente, aceptaría sobrecostos en una remodelación en sus casas particulares?
Claro, con dinero propio absolutamente nadie, cualquier aclaración la paga el contratista (como debe de ser).
Ah, pero si es con dinero público ahí sí hasta aplauden los sobre costos.
¿Algún interés? Claro, «son polvos de aquellos mismos lodos», tan ladrones como siempre.
Sería mágico que todo servidor público en cualquier trinchera labore siempre buscando la eficiencia y el cuidado en el gasto público, pues para eso están, son empleados, reciben un sueldo del erario, entonces no hay linajes, y toda esa sarta de tonterías, que hace la gente para adular a «la figura», para engordarles el ego, a los ladrones en turno.
(Paréntesis) Hay cualquier cantidad de oficinas en estatus de «inútiles a la patria», sin ir muy lejos, en lo local, sólo hace falta voltear a ver oficinas, como el ITJUVE, la Secretaría de Pesca.
En lo federal, la Secretaría de la Reforma Agraria (ordenamiento territorial), y muchas más, que dan cero resultados, en beneficio de la ciudadanía, cuestan miles de millones de pesos mantenerlas en pie, ahí en esos entes públicos hay mucha gente que no hace nada, y cobran como si hicieran mucho (cierro paréntesis).
Qué bueno sería que quien es responsable del Poder Ejecutivo en lugar de buscar fantasmas y hablar mal del pasado recapacite y trabaje en beneficio de la gente, y no de una mafia, de un grupo minúsculo privilegiado, esos que hacen exactamente lo mismo que hicieron aquellos ladrones del pasado, lamentablemente hoy más cochinos y trompudos.
Qué bueno sería se dijera la verdad y aquella refinería que costó ocho mil millones de dólares (pero en la «pasadita» unos cuantos se robaron 12 mil millones de dólares), 20 mil millones de dólares «costo» total, y además aún no refina nada, y difícilmente podrá entrar en operación algún día al cien por ciento.
Qué bueno sería que el trenecito, el AIFA y Mexicana de Aviación fueran autosuficientes y pudieran mantenerse solos en operación, y no como lo hacen hoy, con subsidio público.
Todas esas ocurrencias le cuestan al erario miles de millones de pesos, cada año, sólo para poder operar.
Qué bueno sería saber lo que esos 36 millones de respetables ciudadanos afines al «desastre actual» pensarían, si viviéramos en 2006, y un hijo de Vicente Fox hubiera sido nombrado «dueño» del partido político en el poder, además de recibir a discreción los mismos dos mil 500 millones de pesitos que trae Andy, nada más para «sus chicles».
Dicen en el rancho, y dicen bien, «no es lo mismo atrás, que en ancas».
Se llama doble moral, ni más ni menos.
Lamentablemente tienen la cara tan dura que se atreven a hablar de la corrupción y de los privilegios del pasado, cuando la gran vida, los aviones, las camionetas blindadas, esos lujos y más, se los dan ellos hoy, ¿y saben qué? Todo «en nombre de la transformación».
Como dato cultural: En Cuba, Venezuela y Nicaragua pasa exactamente lo mismo, la casta política habla pestes de aquellos ladrones del pasado, un sector de la ciudadanía (no mayoría) aplauden como focas, y la milicia hace su chamba, para controlar a quien, o quienes piensen diferente, a como lo hacen ellos, y la casta vive a lo grande, todo siempre, «en nombre de la Revolución» y de la «justicia social»,
Para el baile vamos.
Ya nada más falta que nombren «los servidores de la nación» a: Los jefes de colonia, de sector, de manzana y de calle, para como hacen allá, en aquellos paraísos terrenales de libertad y democracia centroamericana, los mismos afines a la dictadura, sean quienes crucifiquen a los vecinos «traidores a la patria», en su bananera óptica, y sin derecho a réplica.
Para cerrar con una reflexión: El gobierno no tiene la solución para arreglar los problemas de un país, la historia es muy clara, el problema nace por culpa del gobierno, y peor aún, si gastan más de lo que recaudan.
Mientras los partidos políticos sigan tomando decisiones, las cosas seguirán igual o peor, pues a la casta política, en su inmensa mayoría, les importa un cacahuate, lo que pasa en cada hogar del país, les importa un comino cómo los atienden el IMSS Bienestar, la inflación, y también el precio de los combustibles.
Cada diputado o senador le cuesta al erario más de 750 mil pesos mensuales, incluidos el sueldo de cada miembro de la casta, sus gastos operativos, y los sueldos de su «equipo de trabajo».
«No se puede hacer lo mismo, esperando resultados diferentes».
Si no alcanza para pagarle a tanto vividor de la política hay que tomar cartas en el asunto.
El país no se puede hundir en deudas siguiendo el mismo modelo inútil y despilfarrador de recurso público, para mantener parásitos.
México no ocupa tantos diputados federales y senadores, dan cero resultados, y cuestan muy caros.
El Congreso puede operar perfectamente con cuatro diputados y un senador, representando a cada entidad federativa.
Se puede agregar un diputado y un senador extras, ambos de representación proporcional, y tan tan.
Y verán que el dinero si alcanza.
No hace falta ser economista para arreglarles el lodazal.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
