ASBEL MAR
Está por finalizar el mes y, agradecida siempre con El Espectador por el espacio que me brinda cada semana, quisiera recapitular un poco de los temas que he abordado desde que comencé escribiendo aquí.
Cada vez que encontraba un tema que consideraba de interés escribía analizándolo a fondo, dejando de lado esos caracteres superficiales y enfocándome de dónde provenía y qué significaba en la vida de las personas: y no precisamente para corregirlos, independientemente de lo que yo pensara, todas las personas tenemos libre albedrío y las opiniones son tan subjetivas como relativas y surgen a raíz de factores cambiantes y evolutivos.
Por eso mi propósito jamás fue corregir, más bien, invitar al cambio, a desprendernos de eso que nos ata, creo que muchas de las conclusiones a las que llego terminan cayendo en la redundancia, porque pienso firmemente que el mayor acto de rebeldía a la sociedad es el desapego.
Y con esto en mente me decidí a hablar de la depuración.
Guardar silencio es peligroso, pero infestarnos del dolor también puede serlo, todos merecemos un respiro, y aunque no podamos deshacer el daño o cambiar de un momento a otro, siempre podemos depurarnos a ratito, despegarnos de lo malo.
Personalmente siento afinidad por la esencia de las personas, sea que esté en sintonía con la mía o no, valoro muchísimo a aquellos seres que se apasionan, que se atreven y sobre todo que se entregan, porque la devoción, aunque se lee fácil, es complicada y agotadora.
En un mundo donde las decisiones son instantes, las noches son cortas y el dolor prevalece, admiro a quienes se atreven a disfrutar, quienes comparten lo que son en el interior y permiten compartirse en este estado de vulnerabilidad sin temor a ser lastimados.
Creo que a veces nos olvidamos de lo que somos y dejamos que nos invadan y sobrepasen las horas, los meses, los años. Ni yo misma alcanzo a entender cómo es que entre más desapegados estamos, más juntos nos sentimos, más nuestros, más vivos.
La depuración no solo se trata de ignorar, de ver a otro lado o de imaginar que las cosas que no vemos no existen. Va mucho más allá, es darnos el espacio para dejar de conectar con el mundo y, en su lugar, conectar con nosotros mismos.
Va ligado a la pasión, al amor y también al desapego. Dejar de ser lo que hemos sido para volver a ser lo que somos; y como dije anteriormente, en mis escritos la invitación es la misma, priorizar nuestras ideas sin influencia de los demás.
Y entonces, ¿qué esperamos para regresar a eso que creíamos olvidado?
Agradezco profundamente el espacio, el tiempo y la dedicación con la que me han leído durante este tiempo. Espero seguir leyéndonos la próxima semana.
