MARCO ANTONIO VÁZQUEZ VILLANUEVA
Entre los políticos que ambicionan las alcaldías, un 80 por ciento son de esos a los que difícilmente les creeríamos hasta que el agua moja, lo increíble es que no se agüitan y recorren cada uno los ejidos y las colonias de sus municipios echando pestes de sus adversarios, a veces, hasta del sistema. Su frase favorita es: “No permitas que nos gobiernen los rateros”, y la gritan mientras les brota un chorro de sangre de la boca.
Hay otros peores, que se ven todavía más descarados cuando aparecen diciendo que a los corruptos los van a mandar allá, al rancho de AMLO, y lo hacen con el cinismo de saber que los conocemos.
Lo bueno es que todos ellos andan en la calle pidiendo que los mencionen en las encuestas, tratando de venderse como si fueran la mera vela del pastel, la verdura del caldo, aunque los conoces y, por fortuna, la gran mayoría solo servirá para que los estudiosos de la sociedad sepan si realmente los tamaulipecos tenemos un nivel tan escaso en la política como para caer en las garras de farsantes.
Tiene razón, quizá haya uno o dos que pueden motivarnos a votar por ellos, también porque los conocemos, por su historia, por eso nos gustaría que ganaran en lugar de que se vayan a adelantar quienes parecen tener propuestas de ensueño, pero no pasan de ser felices ocurrencias sacadas de la chistera.
Una realidad es que la mayoría de los aspirantes acarrea cosas terribles para la ciudadanía.
La principal es que ya alguna vez nos llevaron a la decepción, a hacernos creer que la política realmente es un chiquero.
Los más perversos, incluso, sugieren en comentarios publicados en las redes sociales que estamos rodeados de corruptos, y los acusan a sabiendas que a ellos nunca les confiaríamos la cartera, menos las llaves de la casa.
Y sí, también tenemos hasta personajes que, en las contiendas internas, trabajan como sicarios de otros aspirantes con posibilidades reales, en lo corto podría nombrarles a por lo menos dos o tres de ellos hacen la chamba de desacreditar a alguna o alguno de los competidores, intentan arrebatarles votos, no para ellos, sino para quienes los patrocinan.
Quién sabe cuánto encierran de cierto esas percepciones sobre algunos, porque, en lo personal, a veces los partidos y sus aspirantes me parecen serios y otras veces muy falsos, tanto que ni siquiera llego a pensar que sus propuestas sean ocurrencias; a veces solo califican como infamias, perversidades.
Las más de las ocasiones se nota que los aspirantes nos estudiaron a fondo, que saben que nos gusta decir las cosas como son y que hasta nos parece serio que los candidatos nos hablen de esa manera, el caso es que se lucen para desacreditar al enemigo.
Para sorpresa de esos hombrecitos y mujercitas, las encuestas en el pueblo habrán de decirles lo que realmente se busca, lo que quiere y, créalo, la ciudadanía no quiere paleros, ni payasos, muchos menos perversos o hipócritas.
Exacto, se busca aspirantes que, por lo menos, muestren sentido común y amor por sus terruños.
Le repito, lo único que me agrada es que los aspirantes anden en la calle, que hagan propuestas, aunque parezcan más una feliz ocurrencia que proyecto nacido de un diagnóstico de nuestra situación actual.
Me gusta porque el pueblo se los va a acabar en las primeras de cambio, se lo digo con la certeza de que a muchos de ellos los mandará al cesto de la basura para no rescatarlos jamás.
En lo personal, hago votos para que en las internas de los partidos gane la mejor o el mejor, para que en cada municipio del estado gobierne un equipo de hombres y mujeres con visión de Estado, que logren sacarnos de los problemas y que puedan sembrarnos esperanza partiendo de su capacidad, honestidad y sentido común, porque de verdad, a veces ya ni inteligencia les pedimos.
Por ello le digo que, además de los políticos disfrazados o limitados que andan en precampaña, usted decidirá dónde colocarlos, también andan otros que sí tienen proyectos reales.
Aquí viene la petición, no se aleje de la política por todo el lodazal que se están lanzando, créalo, eso desean los políticos ya que para ellos es mejor quedarse solitos en los presupuestos para despacharse con la cuchara grande.
Lo recomendable es participar con la seguridad de que la política no es la mala, sino que hay que alejar a los personajes que juegan a ella con la perversa intención de joder al pueblo, de quedarse con sus centavos.
Hay que recordar que hoy, en lo público, todos parecen serios, pero lo hacen para figurar en las encuestas hasta que los marquen como favoritos, hasta proponen una alternancia, hablan de seguridad para la gente y de transformarse, de ser decentes, pero es solo lengua, le insisto, a muchos de ellos ni siquiera les creeríamos que su perico es verde.
Por ello, más allá de las propuestas de los aspirantes sin la mínima posibilidad de ganar y de quienes, al parecer, se disputarán las candidaturas; más allá de los dimes y diretes, de las acusaciones y defensas, de los gritos y sombrerazos, lo importante es obligarlos a aterrizar sus propuestas en lo que quiere Tamaulipas, en lo que convence al ciudadano. Así que hay que participar.
Conclusión: Hay que tener paciencia y seguir investigando a los aspirantes, a todos; hacer política hasta el final, hasta lograr que los buenos nos gobiernen, sé que parece imposible, pero créalo, no tenemos más opción que intentarlo, de hacer lo necesario para que ellos se pongan a hacer la tarea de conocer lo que sus pueblos quieren y necesitan…
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