MARCO ANTONIO VÁZQUEZ VILLANUEVA
Este ocho de septiembre se reveló un dato que debe ser aterrador para este México lindo y querido, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos informó de los resultados de PISA, una prueba que evalúa a niños de 15 años en matemáticas, lectura y ciencias.
La triste historia es que nuestro país obtuvo el lugar número 64 de 91 naciones evaluadas, lo peor es que se puede concluir que apenas tres de cada diez saben lo básico de matemáticas y menos de la mitad de los niños tienen un nivel de comprensión de la lectura que sea rescatable.
La buena noticia es que le ganamos a Ruanda, un país africano de los más pobres del mundo, la mala es que no podemos competir, ni siquiera hacer planes de crear la mente de obra que requiere un país como el nuestro para alcanzar su desarrollo, por darle un dato, de cada 200 evaluados solo uno fue sobresaliente.
Lo preocupante es que en las evaluaciones del 2025, que se dieron a conocer este ocho de septiembre, en todas las mediciones se disminuyó el porcentaje de conocimientos respecto a la evaluación similar del 2022; en el caso de las matemáticas, de manera considerable; en lectura también es significativa la caída.
Y le decía, todavía existe una noticia peor respecto a esos resultados, solo el 0.5 por ciento de los evaluados alcanzaron niveles sobresalientes, para darle una idea, de cada 200 alumnos, uno llegó a esa meta, y no crea que le hablo solo de pobres y escuelas públicas, aquí incluye a ricos, la situación es la misma tanto de los que van a escuelas particulares como los de escuela pública, en ambos batallan, y mucho, para competir con el mundo.
¿Qué significan esos números en términos llanos? Que nuestros niños no saben leer, luego se les dificulta razonar y les es casi imposible resolver problemas complejos que, hay que decirlo, a esa edad o nivel escolar, deberían estar preparados para ello.
La prueba PISA evalúa más allá de las habilidades en las áreas descritas, también analiza la situación de los niños y otras cosas como el contexto, por ello se descubre, en lo bueno para México, que incorporó a más jóvenes con nivel de ser evaluados, aumentó su población de conocimientos mínimos, pero solo eso.
Y sí, lo terrible es que dicha evaluación nos diagnostica a todo el sistema, nos deja claro que en materia educativa arrastramos un rezago terrible desde el prianato y los gobiernos de la transformación siguen dando tumbos, no han encontrado el antídoto correcto a ello.
Se lo acepto, es claro que en este gobierno no se podía esperar mucho, pero aun así nos decepcionaron, las pocas esperanzas son porque Mario Delgado, el secretario de Educación, puede presumir sus nexos con muchas personas de dudosa reputación en su paso como legislador y dirigente de Morena el sexenio pasado, pero difícilmente puede exhibir acercamiento con la comunidad científica o capacidad para liderar nuevos planes y proyectos que sean efectivos para mejorar la calidad educativa en nuestro país.
En el consuelo de tontos dirán que en todo el mundo se observaron caídas en los resultados obtenidos por sus alumnos, pero, valga la redundancia, sería muy tonto tragarse esa idea para sentirnos mejor, porque, por darle datos, en algunos países como China se alcanzó hasta el 37 por ciento de alumnos sobresalientes, casi cuatro de cada diez, mientras en México necesitamos evaluar a 200 para encontrar a uno con esas características.
Pero si los de menor capacidad económica deben estar preocupados porque ni la mitad de los niños pueden tener un nivel de lectura aceptable, o apenas tres de cada diez alcanzan el nivel básico de conocimientos de matemáticas, los que deberían mostrarse decepcionados y poner el grito en el cielo son los ricos del pueblo, porque los datos hablan de una educación particular cuyos resultados son un rotundo fracaso, le insisto, no hay alumnos sobresalientes y está muy parejo el nivel de conocimientos respecto a los que no pagan colegiaturas cada mes.
Urge al gobierno y a la iniciativa privada dejarse de inventos marcianos y meterse a la investigación para encontrar un verdadero plan y programa de estudios que sea capaz de sacar de la barranca a este México lindo y querido, y tiene que ser algo rápido, además de integral, capaz de mover a los maestros, pero también a los padres de familia, a las organizaciones, a la sociedad en general.
Porque también es un hecho que, si no nos aplicamos, el daño será irreversible, tanto que podríamos retroceder como nación en un corto plazo y condenarnos a ser un país tercermundista por muchas décadas más.
Conclusión, en pocas palabras, pues sí que está cabrón, y si nos apendejamos se puede poner peor…
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