Ganadería “comercial ideal”

GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB

Históricamente la ganadería comercial tamaulipeca se ha desarrollado bajo sistemas de pastoreo extensivo, sin más técnica que la naturaleza en su máxima expresión.

La industria busca acomodar las piezas del ajedrez para que todo el ganado dependa de suplementos y medicamentos.

No es delito, es una industria que maneja los intereses de las grandes ganaderas de pedigree y de las fábricas de suplementos y medicamentos.

Así que la única opción en catálogo de semen en Estados Unidos son toros que muestran números, pero jamás hablan en esas estadísticas la cantidad de alimento concentrado que el toro desde temprana edad recibió de manera libre.

Como decimos en el rancho «esos animales tienen comida a voluntad».

Entonces, esos números qué manejan en sus pedigrees son erróneos.

¿Cómo escoger un semental? Simple y sencillamente observando las mejores crías de su propio hato, así como lo hizo Tom Lasater, fundador del Beefmaster original en Texas.

La genética tiene que brindar un balance, el becerro tiene que destacar por su estructura,  su masculinidad, desde el mismo destete a los siete meses y, lo más importante, conocer a la mamá del becerro prospecto a semental.

La vaca debe ser muy femenina, tener buena ubre, debe ser de tamaño moderado; al momento del destete debe tener buena condición corporal, estar en buenas carnes y, preferentemente, gestante nuevamente.

Esa cría y esa vaca son genética real, adaptada al rancho.

Hay criadores de registro (pocos) que aún manejan sus hatos a pasto, ofrecen únicamente sal y melaza, y además venden crías al destete, como debe de ser.

La mejor forma de adaptar la genética es llevando el becerro prospecto desde el destete a su nuevo rancho.

Ojo, siempre será mejor buscar dentro de sus mejores vacas.

El librito dice todo lo contrario, pero ¿quién escribió el librito?

Bien. ¿Cómo corregir el problema de esta genética fría y grande, pero «moderna»?

Usando razas criollas, como las que llegaron hace más de 500 años al continente; esas razas se desarrollaron en grandes rebaños semejantes a los búfalos, en aquellos años no había suplementos y medicamentos, ese ganado está disponible ya en México, en Tamaulipas, para poder hibridar el hato ganadero comercial.

Si todo el hato nacional fuera 50 por ciento criollo todo sería más fácil y redituable para el productor comercial.

Funciona como un fortalecimiento genético, ya que el criollo americano tiene base bostaurus africana, eso le da un sinfín de cualidades que ligan perfectamente con cualquier raza comercial, con enfoque carnicero o lechero.

Hace falta conocer bien su propio ganado para poder tomar la mejor decisión genética.

Por mi parte… ¡Es cuanto!