Que la voz de nuestros migrantes deje de ser eco y se convierta en voto

ROMAN BOCK

Durante muchos años la voz del migrante mexicano ha luchado para ser más reconocida; se escucha, se aplaude incluso… pero rara vez se toma en cuenta para las decisiones en el país. Esto ya no puede seguir siendo normal.

Poco más de medio millón de tamaulipecos viven en Estados Unidos; son hombres y mujeres que no solo sostienen a sus familias sino que también sostienen economías locales completas a través de las remesas. Son quienes, desde lejos, siguen preocupándose por su comunidad, por su tierra, por el futuro de sus hijos que crecieron aquí o allá. Y sin embargo, su participación política sigue siendo limitada, lejana, burocrática.

En días pasados se llevó a cabo en la UAT la conferencia Voto Migrante 2027, un espacio donde el secretario de Mexicanos en el Exterior de Morena, Alejandro Robles, junto al rector Dámaso Anaya Alvarado y el presidente municipal de Tula, René Lara Cisneros, nos convocaron a mirar hacia adelante.

Se nos recordó que tenemos una ventana de oportunidad para que millones de mexicanas y mexicanos que viven fuera de nuestro país puedan ejercer un derecho que les pertenece: el derecho a votar, a decidir, a ser parte activa de la transformación de México.

La participación de actores como Alejandro Robles en estos espacios confirma que existe una voluntad política real por transformar esa relación entre el Estado y sus migrantes.

Durante años nuestros paisanos han sostenido la economía, han enviado remesas, han mantenido vivo el corazón de sus comunidades desde la distancia. Pero en la vida política del país su voz ha sido silenciada. Eso tiene que cambiar.

Lo he sentido de cerca, soy migrante desde muy joven. He convivido con historias de sacrificio, de esfuerzo, de orgullo, historias que conectan con una verdad: el migrante no se fue por decisión, se fue por necesidad. Y aun así nunca se fue del todo porque México sigue en ellos.

También es justo reconocer que hoy el país ha comenzado a avanzar. El Gobierno federal ha impulsado esfuerzos para visibilizar a la comunidad migrante, ampliar sus derechos y fortalecer su participación. Existe una voluntad clara por integrar su voz en la vida pública nacional y esa lucha institucional merece ser reconocida. Sin embargo, el reto sigue siendo transformar esa intención en procesos efectivos, accesibles y verdaderamente representativos.

El derecho al voto en el extranjero no debe ser un trámite complicado, debe ser una herramienta efectiva de representación porque si los migrantes aportan, si los migrantes sostienen, si los migrantes construyen… entonces también deben decidir.

Hoy existe una oportunidad histórica una nueva generación de migrantes ya no quiere solo mandar dinero: quiere ser escuchada, quiere participar, quiere influir y eso cambia todo, porque el poder político se ve en la necesidad de responder.

México está dando pasos en la dirección correcta, pero aún hay camino por recorrer y ese camino solo se completa cuando cada migrante es reconocido y verdaderamente representado.

Ha llegado el momento de que el eco se convierta en voto.

Y cuando eso ocurra, no solo cambiará la política… también cambiará la historia de nuestro país.