ANGEL CAMACHO
- Cuando la aprobación social se convierte en identidad
En los últimos meses ha comenzado a popularizarse entre algunos jóvenes una expresión que refleja mucho más que una simple moda de internet: “farmear aura”. El término se utiliza, de manera informal, para describir aquellas acciones realizadas con la intención de proyectar una determinada imagen, ganar admiración, parecer interesante o acumular reconocimiento social.
A primera vista podría parecer solamente otra tendencia nacida en las redes sociales. Sin embargo, detrás de esta conducta existe una pregunta que vale la pena hacerse: ¿qué ocurre cuando la necesidad de parecer se vuelve más importante que la necesidad de ser?
Las redes sociales han transformado la manera en que muchos jóvenes construyen su identidad. Ya no basta con vivir una experiencia; hay que mostrarla. No basta con hacer algo bueno; debe ser visible. No basta con tener personalidad; hay que demostrarla ante una audiencia. La aprobación puede medirse en “likes”, comentarios, seguidores y reacciones.
En ese contexto, “farmear aura” puede convertirse en una especie de búsqueda permanente de validación. Se construye una imagen cuidadosamente pensada para provocar admiración, respeto o aceptación. El problema aparece cuando esa imagen termina sustituyendo a la identidad real.
Una generación que necesita constantemente demostrar quién es puede terminar olvidando quién quiere ser.
El riesgo no está en utilizar una expresión, seguir una tendencia o buscar reconocimiento ocasional. Todos necesitamos, en cierta medida, sentirnos aceptados. El verdadero problema surge cuando la autoestima depende casi exclusivamente de la mirada de los demás.
Una persona con carácter no necesita representar un personaje permanentemente. Puede equivocarse, cambiar de opinión, pasar desapercibida y aun así conservar su valor. Tener personalidad implica desarrollar criterios propios, aprender a tomar decisiones, asumir consecuencias y ser capaz de decir “no” aunque los demás digan “sí”.
Por eso, más que criticar a los jóvenes por “farmear aura”, sería necesario preguntarnos qué sociedad estamos construyendo alrededor de ellos. Si desde pequeños les enseñamos que el éxito consiste en llamar la atención, ser populares y obtener aprobación, difícilmente podemos sorprendernos cuando esa aprobación se convierte en una necesidad.
El desafío consiste en recuperar valores que no necesitan una pantalla para existir: carácter, pensamiento crítico, empatía, responsabilidad, disciplina, autenticidad y capacidad para estar bien incluso cuando nadie está mirando.
Porque quizá la verdadera “aura” no sea la que se presume en redes sociales.
Quizá sea aquella que una persona posee cuando no necesita demostrar nada para saber quién es.
Y si queremos evitar una generación atrapada en la búsqueda permanente de aceptación, debemos enseñarles algo mucho más importante que cómo “farmear aura”: cómo construir una identidad propia.
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Y recuerden amigos, en Salud Pública: “Es mejor prevenir… que curar”.
