Urgencias: recurso vital que debe usarse con responsabilidad

ANGEL CAMACHO

Las áreas de urgencias hospitalarias constituyen uno de los pilares fundamentales del sistema de salud. En estos servicios se brinda atención médica inmediata a pacientes con enfermedades o lesiones que ponen en riesgo su vida o su integridad física, como infartos, accidentes graves, crisis asmáticas, hemorragias o cuadros severos de descompensación. Su funcionamiento eficaz puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Sin embargo, en muchos hospitales del país las salas de urgencias se encuentran saturadas por la llegada de personas que acuden por padecimientos leves o que podrían resolverse en un consultorio médico, una clínica familiar o incluso con orientación telefónica.

Esta sobrecarga de pacientes no urgentes genera demoras en la atención de quienes realmente necesitan atención inmediata, limita la capacidad del personal de salud y eleva los tiempos de espera, afectando la calidad del servicio.

Usar adecuadamente los servicios de urgencias implica comprender su propósito: atender situaciones críticas y potencialmente mortales. En cambio, cuadros como resfriados comunes, dolores leves, fiebres moderadas o síntomas gastrointestinales sin signos de alarma pueden resolverse en unidades de primer nivel o mediante la consulta médica programada.

Concientizar a la población sobre el uso racional de las áreas de urgencias no solo mejora la eficiencia del sistema hospitalario, sino que también garantiza que los recursos humanos y materiales estén disponibles para quienes realmente lo necesitan.

Promover esta cultura de responsabilidad en la atención médica es una tarea compartida entre autoridades, profesionales de la salud y la comunidad.

En definitiva, las urgencias hospitalarias son un recurso vital, limitado y esencial. Hacer buen uso de ellas es también una forma de cuidar la salud colectiva.

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Y recuerden amigos, en Salud Pública: “Es mejor prevenir… que curar”.