LA MÁSCARA
A ver, ¿quién de ustedes no ha manejado en la capital tamaulipeca sin sentir que está en una especie de juego de feria, de esos que todos conocemos como los carritos chocones? Entre semáforos que no funcionan, señalamientos viales rotos y despintados, baches, basura y uno que otro cafre al volante, últimamente nuestra querida Ciudad Victoria parece una tierra sin ley. también en cuestión de vialidad.
Y eso pudiera parecer de dar risa si no fuera porque los accidentes están a la orden del día y la vida de todos los que salimos a la calle corre peligro en cada esquina.
Y es que no es novedad que en cada semáforo (los que llegan a funcionar) alguien se pasa sin respetar la señal, como en un pleito de ver quién es el que puede más. En cada escuela, negocio, frutería de cualquier calle se ven carros estacionados a la buena de Dios, obstruyendo entradas, banquetas y lo que se les cruce en el camino, y si en un espacio llega a caber un vehículo ahí sirve de estacionamiento, no importa si el lugar está en una jardinera municipal.
¡Aquí ya no se respeta ni a las mamás porque también se viven recordando en cada esquina!
Y no hablemos de las motocicletas, porque es otra situación caótica. La mayoría andan por todas partes, como abejas en frutería, metiéndose entre los carros, subiendo a las banquetas y pasando como bólidos entre el tráfico, sonando sus motores como si de una pista de arrancones se tratara. Que si el casco, que si los señalamientos, que si los peatones… ¿Para qué? Si aquí en Victoria parece que las motos tienen vía libre para hacer lo que les venga en gana.
Y ni se le ocurra a usted reclamar a uno porque enseguida aparecen mil motocicletas más apoyando al ofendido y exigiendo respeto a sus derechos, sí, esos derechos que solitos se atribuyen.
Claro, también vale la pena mencionar a los motoclubs que están bien formados, que respetan señalamientos, que traen su equipo de protección, que se preocupan por el orden vial, a esos hasta da gusto verlos en sus rodadas; sería bueno darles la batuta para una capacitación vial a motociclistas.
Pero volviendo al tema, ¿dónde está la autoridad vial? ¡Buena pregunta! Porque cuando los necesitas no aparecen. Solo se ven cuando es hora de levantar infracciones y llenar la caja de la recaudación. Parece que su principal función es multar y no ordenar. La verdad, ya muchos tienen la sospecha de que es más rentable dejar al agente en este caos que poner orden.
¿Y el resultado? Pues que ahora salir a la calle es toda una aventura extrema. Hay que andar con la vista bien aguda para no ser parte de la estadística de accidentes que, por cierto, sigue subiendo al grado de que la ciudad ya parece lote de autos subastados de Estados Unidos, de esos que andan chocados por todas partes.
Ya urge que alguien meta orden. Que las autoridades viales hagan su trabajo de verdad: ordenar, regular y sancionar a quienes de plano no entienden. Y que se acabe eso de solo andar buscando al ciudadano para sacarle una multa porque, aunque usted no lo crea, a veces sucede.
Por último, no se les olvide que La Máscara los vigila, así que, una última cosa: si no sabe usar bien todo su coche de “perdis” use las direccionales, que para algo vienen incluidas.
