SERGIO AGUIRRE FLORES
Retrocedamos 25 siglos hasta la Grecia Clásica. Ahí donde surgió todo porque para Occidente todo lo inventaron los griegos y los demás somos pura nota al calce.
Y si no, déjeme comentarle que también el teatro lo inventaron los griegos creando primero la Tragedia o Fiesta del Chivo, utilizada como homenaje a sus dioses y a sus tradiciones vinculadas al canto y la ingesta fuerte de vino, comida, prójimo, prójima y otras sustancias, en un alegre y religioso todos contra todos llamado Bacanal.
Tan sabios ellos. Aunque si bien la Tragedia habla de los dioses y su reflejo en la vida de los humanos, tiempo después inventan la Comedia, que habla de los hombres siendo hombres y de sus vicios, siendo vicios. Ya no es destino ni voluntad divina lo que sucede a los representados en la escena, sino consecuencia de sus actos. El hombre haciéndose cargo de sí mismo y, por supuesto, fallando hasta el ridículo. Y nos reímos de lo que vemos, hasta que reflexionamos que lo que vemos somos nosotros mismos.
Aristófanes, el más grande comediógrafo, y con riñas constantes contra el statu quo, nos lega un conjunto de textos que hoy, sorpréndase si puede, aún tienen vigencia.
En “Los Caballeros”, obra escrita como venganza contra un gobernante que le malquería, Aristófanes plantea la existencia de un hombre bueno llamado Demos, en franca alegoría al Pueblo, obviamente Pueblo Bueno, que es engañado fácilmente por un sirviente que le gobierna casa y asuntos, por lo que un par de amigos, para ayudarle a combatir a este doméstico tirano, toman a un vendedor de chorizos para sustituirle y demostrar, no solo lo mal que se gobernaba a Demos, sino que además es relativamente fácil engañarle y ponerle encima a un otro cualquiera, siempre y cuando se encuentre bien cuerpeado.
Dura crítica contra el Gobierno, pero aún más dura, contra el Pueblo Bueno, perdón me confundí, quiero decir… contra el personaje llamado Demos, con el que ni usted ni yo guardamos semejanza alguna, porque ni usted ni yo elegiríamos para que nos gobierne a un vendedor de butifarras, que, además, una vez en el poder, podría ser peor que el tirano que combatimos. Porque usted y yo, o por decir algo, todo el Pueblo de los EUA, somos sumamente cuidadosos al elegir por voto DEMOcrático a quienes nos gobiernan.
EL CHORICERO.- Quieres decirme ¿cómo yo, que soy un choricero, puedo llegar a ser lo que se llama un GRAN personaje?
PRIMER SERVIDOR.- Por eso mismo llegarás a serlo; porque eres un canalla audaz, salido de la hez del pueblo.
EL CHORICERO.- No me creo digno de alcanzar un poder semejante.
PRIMER SERVIDOR.- ¿Cómo es eso? ¿De qué te crees indigno? Albergarás todavía algún buen sentimiento. ¿Pertenecerás acaso a una clase honrada?
EL CHORICERO.- No, por los dioses; pertenezco a la canalla.
PRIMER SERVIDOR.- Entonces, oh mortal afortunado, estás ricamente dotado para la política.
EL CHORICERO.- Pero, buen amigo, yo no he recibido la menor instrucción; sólo sé leer, y eso mal.
PRIMER SERVIDOR.- Precisamente lo único que te perjudica es saber leer, aunque sea mal. Para gobernar al pueblo no hacen falta hombres provistos de buena cultura y de buena educación. Se necesitan ignorantes que, además, sean unos granujas. No desprecies lo que los dioses te prometen en sus predicciones.
ARRIBA EL TELÓN… Tercera llamada, tercera… comenzamos…
