RAYMUNDO LARA RUIZ
El inquilino de la Casa Blanca está encendiendo las alarmas una vez más y poniendo en alerta máxima a varios países de América Latina, ante una posible invasión militar a uno de ellos. ¿Pueden adivinar cuál es? Les doy una pista: para que sea viable invadirlo, debe tener mucho petróleo.
Efectivamente, ese país es Venezuela, que posee las reservas de crudo comprobadas más grandes del mundo. Y, como bien sabemos, nuestro planeta aún no funciona principalmente con energías renovables. Durante muchos años más, el petróleo seguirá siendo la moneda de cambio global, una razón que, para algunos, justifica cualquier acción militar.
Para bien o para mal, el dictador o presidente Nicolás Maduro (según las filias o fobias de cada quien) está al frente de ese hermoso país suramericano que, confieso, no tengo el gusto de conocer personalmente, solo a través de reportajes.
En estos momentos, su pueblo vive una fuerte tensión, ya que a pocos kilómetros de su costa se encuentra parte del poderío naval de Estados Unidos. Esta tecnología militar incluye varios portaaviones que, durante décadas, han sido el estandarte de la supremacía bélica del país del norte.
Resulta irónico que una premio Nobel de la Paz pida una intervención militar a su país y que lo haga a un excandidato a ese mismo galardón. No sé si la comparación sea correcta, pero al pensar en ello vienen a mi mente las imágenes de Mahatma Gandhi, quien con el dedo en los labios pedía a su gente guardar silencio.
Aunque sí hubo conflictos en la India para independizarse de Inglaterra, Gandhi promovió la paz entre su pueblo. La situación actual, en cambio, presenta una dolorosa paradoja.
Estados Unidos no llevará democracia a Venezuela (aunque ciertamente la necesita). Al declarar a los cárteles de la droga como organizaciones terroristas se otorga la libertad de atacar a cualquiera, en cualquier parte del mundo. Mientras tanto, los medios de comunicación ya sean afines o contrarios a cada bando, difunden lo que, a su criterio, es la verdad.
Estimado lector, la tensión en esta parte del mundo es crítica. Venezuela, por sí sola, no representaría un gran costo militar a Estados Unidos para derrocar a Nicolás Maduro, aunque sí a costa de miles de vidas venezolanas.
El objetivo final, desde mi punto de vista, es tomar el control de todos sus recursos naturales, la razón principal para querer derrocar al régimen actual.
Sin embargo, hay un gran inconveniente: Maduro ya tiene aliados. Unos por ideología, como Cuba y Nicaragua, y otros por interés, como Rusia, China e Irán. Estos últimos están aportando tecnología bélica de última generación: drones iraníes, misiles rusos y aviones chinos, según ha declarado el propio Maduro.
Es triste, pero en este escenario los países pobres aportarán los seres humanos y los ricos la tecnología. De cualquier forma, esto no es un buen presagio. Estamos a una sola provocación, a un solo error, de que el enfrentamiento sea un hecho.
Me pregunto si los militares y la inteligencia de nuestro vecino del norte han considerado que, debido a la geografía de Venezuela y sus selvas, un enfrentamiento inicial podría derivar rápidamente en una guerra de guerrillas interminable. En ese tipo de conflicto, lo único que se acumularán serán más y más vidas humanas perdidas.
En épocas de guerra la tecnología avanza, pero el progreso humano se detiene. Aunque después se intente justificar que ciertos utensilios, prendas o alimentos procesados, entre muchas otras cosas, son “tecnología de guerra”, considero que eso no justifica un conflicto armado.
Los mal llamados americanos quieren, de una forma u otra, entrar en guerra porque su economía no da para más. Necesitan un país débil y lleno de recursos que explotar para así ganar un poco de tiempo antes de que estalle la gran crisis.
Al tener la maquinita que imprime el billete impuesto como moneda de cambio mundial, han abusado de ella, y por eso son el país con la deuda más grande del planeta.
Y a mi México, lindo y querido, lo veo haciendo malabares, tratando de que su economía, que depende en casi un 80 por ciento de nuestro vecino, no caiga en el precipicio económico.
Debemos estar preparados para todo. Lo principal es cerrar filas, escogiendo lo hecho en México y, específicamente, lo hecho en Tamaulipas. Fortalecer el consumo interno con cadenas locales que no dependan de los acontecimientos externos es lo que verdaderamente genera estabilidad nacional.
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Saludos.
