GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
Apenas faltan unos meses para que en México la fiesta mundialista esté presente, si la memoria no me falla, por tercera vez en la historia de nuestro país.
Aztecas somos y con orgullo nacionalista el país completo se vestirá de verde blanco y rojo, como son los colores de nuestro emblema nacional.
México será parte de una fiesta internacional, donde visitantes de todo el globo acudirán a la cita deportiva, incluso algunos comentan que muchos hoteles en ciudades sede, donde se jugarán partidos, ya tienen reservaciones de público nacional y extranjero.
La derrama económica tiene buen pronóstico, ojo, pero para que todo eso se lleve a cabo sin contratiempos se tiene que decir bien fuerte y claro:
Urge corregir el tema de la inseguridad, algo tiene que cambiar en estos meses venideros; algo tendrán que hacer, para controlar de tajo, su desastre a lo largo y ancho del país.
No se pueden correr riesgos
Sería sumamente triste, por no decir lamentable, enterarnos post fiesta mundialista, que visitantes de todas nacionalidades y compatriotas, por aquí y por allá, sufrieron algún tipo de «contratiempo», resultado de un mismo patrón delincuencial.
Ojo, nuestros visitantes no saben lo que pasa aquí, allá y más allá, porque diariamente se fabrican nuevas historias de terror.
Cuentan los que saben del tema, que apenas saliendo de varias centrales de autobuses, como comúnmente pasa en nuestro paraíso fronterizo mexicano, visitantes extranjeros apenas comprando su boleto en taquilla para viajar al centro del país «son marcados».
Cuando el autobús inicia su trayecto, aún dentro de la ciudad fronteriza, a solo unas cuadras de la misma central detiene su marcha, el chofer abre la puerta, y suben un par de sujetos, aparentemente de alguna fuerza de seguridad.
Caminan por el pasillo de la unidad de pasajeros y únicamente bajan para hacer una «revisión de rutina» a extranjeros que viajan en esa misma unidad, con asientos marcados en el número, parece algo normal, de rutina, incluso para todo el resto del autobús.
Pero apenas afuera del mismo son subidos rápidamente a una unidad cerrada tipo van, para emprender en muchas ocasiones un camino sin regreso, sin retorno, si bien les va una extorsión, con los familiares de quienes fueron privados de su libertad.
Esto tiene que parar porque si «la ciudadanía» tiene este tipo de información y la comparten en un café de cualquier localidad, imagine usted amable lector, lo que en teoría sabe el área de inteligencia y Gobernación.
Entonces, si esas personas siguen haciendo lo mismo en la frontera, la pregunta obligada es ¿cuál será el motivo? ¿Por qué nadie hace algo? ¿Qué les falta para atender esa problemática? ¿Podrán con esto, de aquí al Mundial?
Se tiene que hablar del tema, no queremos después andar lamentando eventos o situaciones extracancha.
¿Por qué Claudia no quiere ir a la inauguración del Mundial?
Qué estará pasando en la realidad que vive el oficialismo fuera del discurso público, que la mismísima Presidenta salió a informar que no asistiría a la inauguración de la fiesta mundialista en territorio nacional.
Tal parece que a la dama se le está olvidando algo muy básico y elemental, que ese tipo de encargos no son opcionales, un evento de esa envergadura y dimensión, históricamente no sólo en México, sino mucho más allá en cada sede mundialista, y más aún en la inauguración, la máxima autoridad o el equivalente, en el país anfitrión deben acudir obligatoriamente, a declarar formalmente el inicio del enorme evento futbolístico.
Serán cientos de millones de personas quienes estarán siguiendo la transmisión por televisión, sólo estadistas de gran nivel entienden la importancia del mismo.
En su lugar, la Presidenta dijo que regalaría su boleto para una niña mexicana, algo que se escucha muy bonito, pero que en la práctica se sale completamente del protocolo, del respeto a la FIFA, y al mismísimo evento.
Con su actitud, lejos de parecer buena y generosa, al regalar su lugar, más bien pareciera que lo que tienen es terror de enfrentar la silbatina y los abucheos a la hora de su presentación, ante el público presente en el estadio.
Sería maravilloso que a la hora de la presentación de las autoridades, saluden en el estadio a la niña que recibió la generosidad de Claudia, y que además le agradezcan ese gesto humano presidencial, aprovechando el sonido local.
Aprovechar cuando ese estadio mexicano esté lleno de almas aztecas, según la FIFA en un 75 por ciento por público nacional, todos le demuestren sus porras, su alegría y reconocimiento, por ese gran gesto lleno de ternura y humanismo.
¿A poco no sería extraordinaria esa gran oportunidad para demostrar músculo político y popularidad?
Bueno en su actuar, y su diminuto tamaño político, pareciera lo completamente opuesto.
Y como dijo Chikidrácula: «Buuu, no finjan… sienten meyo».
No se ría por favor, amable lector.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
