MARCO ANTONIO VÁZQUEZ VILLANUEVA
Por unos momentos, quizá durante algunos días, la tragedia nos llevará a reflexionar sobre los campamentos de verano, como siempre, comenzaremos por tratar de tapar el pozo luego del niño ahogado, encontrar culpables de un caso que ha enardecido a las redes sociales y a la sociedad.
Posteriormente nos preguntaremos por la seguridad que tienen los niños y jóvenes que acuden a ellos, tal vez por la calidad de los cursos o, incluso, por conocer si existe alguien o algo que avale a los instructores responsables.
El caso de Dafne, una jovencita de 13 años que murió en una academia que se dice semimilitarizada, aunque tiene más nombre de campo nazi, seguramente encenderá las alertas de todos, sin embargo, dudamos que se corrija el problema porque, para desgracia nuestra, en él participan todas las autoridades.
Digo, si es que estos cursos de verano operan regularmente, porque ha de saber que muchos ni siquiera se toman la molestia de cumplir con las normas, que limitadas, pero existen, aunque usted no lo crea.
Resulta evidente que el Congreso del Estado, sí, ese inútil Congreso del Estado debe comenzar por analizar la situación, buscar una regulación adecuada para obligar a los prestadores de estos servicios a ajustarse a la normativa.
Dudamos que lo hagan porque trabajar no es precisamente lo suyo, pero nada nos quitará de la cabeza que hoy forman parte de quienes deben cargar con la culpa de estas tragedias.
Seguirán los ayuntamientos, porque, a la vista de todos ocurren cosas que ninguno de ellos pretende solucionar, para citarle un ejemplo, en Soto la Marina, en la bellísima playa de La Pesca, hay todo un desorden con los vehículos especiales para esos terrenos.
Ya se registró un muerto y hace unos días se difundió cómo volcó otro de ellos con una menor en su interior. Todo sigue igual. Y en los campamentos de verano las cosas no son muy distintas.
Seguirán las culpas para Protección Civil y para varias dependencias estatales y federales, pero el dolor pasará pronto, para fortuna de los involucrados directa o indirectamente, este lunes comienza un periodo vacacional en el que se busca más la diversión que cualquier otra cosa, ya será hasta que tengamos que regresar a lo cotidiano cuando quizá vuelvan a preocuparnos estos grandes problemas que a partir de la fecha parecen pequeñeces.
Lo más triste es que apenas vamos saliendo de un periodo de enajenamiento y comenzamos otro, me refiero a que el Mundial de Futbol por fin escuchó su silbatazo final y se declaró campeón a España, a pesar de toda una serie de circunstancias que parecían estar diseñadas para darle la copa a los argentinos.
Y no, no crea que este Mundial fue solo de «los hombres», el sexo femenino también se involucró y se despegó de la tierra con los partidos de futbol, era común escucharlas pronunciar nombres de jugadores, explicar un fuera de lugar o la razón de una expulsión o de un gol anulado, con el agregado de que le ponían más pasión, esa que solo se encuentra en ellas cuando están metidas en un tema.
El Mundial de Futbol fue otra tragedia, nos ilusionó, nos desilusionó, y siempre nos alejó de lo importante del país, es más, nos llevó a exhibir todas nuestras limitaciones como ciudadanía, a descubrir cómo jugaban con nosotros, haciendo que se aplaudiera a la Presidenta, con A, porque no fue a la inauguración del Mundial en el Estadio Azteca, argumentando que no le gustaba el futbol, y después aplaudirle porque sí acudía a la clausura en Nueva York.
Por donde lo vea, eso es preocupante, no por el hecho de que vaya o no vaya, sino porque los mexicanos olvidamos temas más importantes por discutir la relevancia de una acción de ese tipo.
No fue un problema exclusivo de la oposición, sino también del grupo de los que siguen al partido en el poder, ambos quedaron como payasos por la misma razón, porque aborrecían a #LaPerritaDeTrump cuando iba para un lado y la aplaudían cuando ya venía de regreso.
Durante un mes ese fue el tema principal del país y nadie se acordó de la seguridad, del precio de los productos de la canasta básica, de la legalidad y equidad de la próxima elección, ni de nada más, y para acabarla, ambos lados adoleciendo la misma cosa, aplaudiendo o atacando el mismo tema según las circunstancias.
Eso es lo triste de este país, con el futbol y las vacaciones casi llegaremos a dos meses perdidos en el año, a un periodo que bien pudo utilizarse para resolver algún problema de fondo, para evitar una tragedia como la de Dafne o atender asuntos mucho más valiosos y, en lugar de ello, andamos en las cosas de la patada, en discusiones sin sentido o estériles.
Y no conformes con esa paralización de la agenda nacional y esa polarización de las masas, ahora meteremos todo lo importante al cajón para que nos espere mientras nos bronceamos o, de perdida, llegamos al río, si es que cae algo de dinero…
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