JUAN PÉREZ
Buen domingo, hoy quiero compartirles de un acontecimiento «verífico», porque se puede verificar.
Había una vez una rondalla llamada «Amigos for ever», que se preparaba para un viaje a Puebla, donde iban a participar en un concurso nacional.
El grupo estaba emocionado, pero también un poco nervioso ya que sabían que el camino podría ser complicado, sobre todo porque era el mes de diciembre y estaba anunciado que habría cambios importantes en el clima.
El viaje comenzó con una gran tormenta. Mientras viajaban en su camión escolar, las lluvias torrenciales hicieron que la carretera se volviera resbaladiza y peligrosa.
Milo, el conductor, tuvo que manejar con mucho cuidado y los miembros de la rondalla se aferraban a sus instrumentos, rezando para llegar a su destino.
Después de muchas horas de viaje (casi 36), finalmente llegaron a Puebla, pero no todo iba a ser fácil.
Al buscar su alojamiento descubrieron que había habido un error en la reservación y no tenían lugar dónde quedarse.
Sin perder la esperanza decidieron acampar en un parque cercano. Aunque las condiciones eran difíciles, hicieron una fogata y comenzaron a tocar música para animarse.
La noche fue mágica. A medida que tocaban sus canciones, la gente del parque comenzó a reunirse alrededor de ellos. Su música atrajo a muchos curiosos y pronto se formó una pequeña multitud.
La rondalla decidió improvisar un pequeño concierto bajo las estrellas, olvidando por un momento las dificultades del día.
Al día siguiente estaban listos para el concurso. Aunque estaban cansados y un poco desanimados por los contratiempos, su espíritu no se había apagado.
Con el apoyo de la gente que los había escuchado la noche anterior se presentaron en el escenario principal. Su actuación fue brillante y emotiva; lograron transmitir toda su pasión por la música.
Al final del festival «Amigos for ever» no solo ganaron el primer lugar en el concurso, sino también muchos nuevos amigos y admiradores en Puebla.
Aprendieron que las adversidades pueden convertirse en oportunidades para crecer y conectar con otros.
Y así regresaron a casa con historias inolvidables y la certeza de que cada desafío enfrentado en el camino valió la pena por cada nota tocada y cada sonrisa compartida.
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Feliz día y hoy, por ejemplo… ¡Hagamos música!
