Empoderar con la educación financiera

BÁRBARA LERA CASTELLANOS

La educación financiera no es solo un conjunto de nociones sobre ahorro, crédito o inversión; es una llave que abre las puertas de la autonomía, la dignidad y la capacidad de decidir sobre el propio destino, tanto en el ámbito personal como familiar y profesional.

Cuando las personas (y en particular, las mujeres migrantes) descubren que pequeñas acciones, repetidas con constancia, pueden transformar su futuro económico, se empoderan y encuentran una vía para modificar el rumbo de sus vidas.

En Tamaulipas, la educación financiera se ha convertido en un eje estratégico para enfrentar desigualdades estructurales y fortalecer el bienestar de las familias.

El Gobierno estatal, en coordinación con instituciones federales como Finabien, ha impulsado programas de bancarización, inclusión financiera y protección del ahorro, especialmente dirigidos a comunidades migrantes y mujeres.

Entre las acciones destacadas se encuentran la expedición de Constancias de Identidad, la facilitación del envío seguro de remesas y la promoción de herramientas digitales como la Bóveda Virtual, que fortalecen la cultura del ahorro y brindan mayor seguridad al patrimonio familiar.

Sin embargo, también es necesario formular una pregunta incómoda: ¿abrir una cuenta significa realmente estar incluido financieramente?

Durante los últimos años, México ha celebrado la apertura de millones de cuentas digitales como prueba de que la inclusión financiera avanza.

Bancos, empresas fintech y autoridades suelen presentar el número de usuarios registrados, las tarjetas emitidas o las aplicaciones descargadas como señales inequívocas de progreso.

Pero una cuenta que recibe una transferencia ocasional aprovecha una promoción y después permanece inactiva difícilmente transforma la vida económica de una persona.

Tampoco lo hace una aplicación que ofrece crédito inmediato, pero con tasas elevadas, sin suficiente educación financiera y sin evaluar adecuadamente la capacidad de pago de quien lo solicita.

La inclusión financiera no debería medirse únicamente por registros, descargas o tarjetas entregadas, sino por resultados concretos: personas que ahorran con regularidad, construyen un historial crediticio, acceden a financiamiento productivo, protegen su patrimonio y mejoran su capacidad para enfrentar emergencias.

En este punto, la banca tradicional también debe reconocer su responsabilidad.

Durante décadas, sus procesos complejos, costos elevados y criterios restrictivos excluyeron a millones de mexicanas y mexicanos.

Las empresas fintech identificaron correctamente esas deficiencias y demostraron que es posible ofrecer servicios más rápidos, sencillos y accesibles.

Una cuenta digital puede ser una herramienta de autonomía, pero también puede convertirse en una puerta hacia el sobreendeudamiento si se utiliza sin información, acompañamiento y responsabilidad.

Por ello, la innovación financiera debe avanzar de la mano de la protección de las personas usuarias y de una educación que permita tomar decisiones informadas.

A nivel federal, la Estrategia Nacional de Educación Financiera 2025-2030 plantea incorporar contenidos financieros en las escuelas públicas, desde el nivel básico hasta el superior, con el propósito de generar una cultura del ahorro y del uso responsable de las herramientas bancarias.

Esta iniciativa se complementa con la Política Nacional de Inclusión Financiera, que busca ampliar la comprensión de la población sobre los productos y servicios financieros, así como impulsar la educación financiera como un derecho.

En el ámbito estatal, el Paquete Económico 2026 prioriza el bienestar social y la educación, destinando recursos significativos a programas de alimentación, impulso económico y Mercado del Bienestar, además de fortalecer la infraestructura educativa y los apoyos a los municipios.

La Secretaría de Educación de Tamaulipas ha subrayado la importancia de consolidar estrategias como el Programa de Educación Financiera, en coordinación con las políticas federales, para promover aprendizajes fundamentales y una vida saludable en las escuelas.

La educación financiera, cuando se orienta desde un enfoque inclusivo, con perspectiva de género y atendiendo los contextos sociales de cada comunidad, se convierte en un instrumento de empoderamiento económico.

Esto significa no solo aprender a administrar recursos, sino también ganar confianza, autonomía y capacidad de decisión.

Una persona que conoce sus derechos financieros puede identificar los riesgos de un crédito abusivo, comparar opciones, en caso de migrantes, proteger sus remesas y tomar decisiones más seguras para ella y su familia.

Una mujer que logra ahorrar, aunque sea una cantidad pequeña, comienza a construir un margen de independencia frente a una emergencia, una pérdida de empleo o una situación de violencia económica.

Pequeños hábitos (como ahorrar una cantidad fija cada semana, evitar deudas innecesarias, planificar los gastos o revisar las condiciones de un contrato) se transforman en actos de resistencia y esperanza.

En Tamaulipas, donde la migración y la vulnerabilidad económica son realidades cotidianas, la educación financiera ofrece una vía para construir resiliencia comunitaria.

Pero esa resiliencia no puede depender exclusivamente de la voluntad individual.

También requiere servicios accesibles, instituciones responsables, acompañamiento cercano y políticas públicas que atiendan las desigualdades de origen.

Al integrar perspectivas de género y principios de economía del comportamiento, los programas estatales y federales buscan no solo informar, sino inspirar cambios profundos en la manera en que las personas se relacionan con el dinero y con su propio futuro.

Por ello, vale la pena resaltar que la educación financiera es, en esencia, una herramienta de justicia social.

No se trata únicamente de números, cuentas bancarias o aplicaciones digitales, sino de devolver a las personas (especialmente a las más vulnerables) la capacidad de soñar, planificar y construir un mejor futuro para ellas y sus familias.

La verdadera inclusión financiera comienza cuando una cuenta deja de ser un simple registro y se convierte en una herramienta útil para la vida: cuando permite ahorrar, emprender, enfrentar una emergencia, proteger el patrimonio y ampliar las oportunidades.

En Tamaulipas, las estrategias gubernamentales están sentando las bases para que este derecho se convierta en realidad.

Sin embargo, el verdadero cambio ocurre cuando cada mujer, cada migrante y cada familia descubre que su futuro económico no está escrito, sino que se construye día a día, con decisiones conscientes, información suficiente y acciones constantes.