BÁRBARA LERA CASTELLANOS
La “cuesta de enero” se refiere al período post-navideño en el que las finanzas familiares se ven tensionadas por los excesivos gastos de fin de año.
En México, este fenómeno afecta a millones de hogares debido al alto endeudamiento durante diciembre, cuando se incrementan las compras de regalos, cenas y viajes.
Según datos del Inegi (2024), el gasto promedio en fiestas navideñas supera los cinco mil pesos por familia, lo que genera un desbalance presupuestal que se extiende hasta febrero.
A nivel nacional, esto provoca un aumento en el uso de tarjetas de crédito (con tasas de interés superiores al 40 por ciento anual) y retrasos en pagos, exacerbando la inflación (alrededor del 4.5 por ciento en 2026) y el desempleo estacional.
En Tamaulipas, el impacto es particularmente agudo por su economía dependiente de la industria petrolera, manufacturera y el comercio transfronterizo con Estados Unidos.
Regiones como Reynosa y Tampico ven un pico de consumo en diciembre impulsado por remesas y bonos, pero enero trae caídas en ventas minoristas hasta un 20 por ciento (según Canaco 2025).
Familias de bajos ingresos, que representan el 45 por ciento de la población tamaulipeca (Coneval), enfrentan mayores riesgos: alza en precios de canasta básica (huevos 15 por ciento, gas LP diez por ciento) y menor liquidez por fin de aguinaldos.
Esto genera estrés financiero, con un 30 por ciento de hogares recurriendo a préstamos informales a tasas usurarias, perpetuando ciclos de pobreza.
Para mitigar estos efectos, los ciudadanos deben adoptar estrategias proactivas.
Primero, elaborar un presupuesto mensual realista, asignando no más del 50 por ciento de ingresos a necesidades básicas y limitando deudas festivas al 20 por ciento.
Herramientas como apps (Fintonic o presupuestos en Excel) facilitan el seguimiento.
Segundo, crear un fondo de emergencia equivalente a tres meses de gastos, ahorrando diez por ciento de cada ingreso vía cuentas de alto rendimiento (como Cetesdirecto, con rendimientos del diez por ciento).
Tercero, priorizar compras inteligentes: listas de regalos caseros o descuentos post-navidad, y renegociar deudas con bancos para tasas fijas.
En Tamaulipas, aprovechar programas locales como microcréditos de Sedesol o ferias de empleo invernal reduce vulnerabilidades.
Finalmente, educarse financieramente mediante cursos gratuitos del SAT o Condusef fomenta hábitos sostenibles.
En conclusión, la “cuesta de enero” no es inevitable; con planificación y disciplina, los ciudadanos pueden transitarla sin crisis.
Implementar estas estrategias no solo protege las finanzas, sino que construye resiliencia ante volatilidades económicas.
