Aguas, sólo aguas

JUAN R. GIL

En mi primera clase grupal de guitarra siempre inicio con una breve reflexión: Un joven estudiante a la mitad del camino es abatido por el imponente oleaje del desánimo, la pereza, las distracciones y las amistades que interfieren en el avance y los vicios (malos hábitos).

No ajeno a una mujer que hace propósito de año nuevo y antes de mayo ya no quiere saber de ello.

Qué decir de un matrimonio joven que a la mitad del camino piensan “tirar la toalla”.

Sin dejar atrás el compromiso personal de cuidar lo más grande que tenemos: la salud.

Cuánto oleaje se suscitaba de vez en vez en mis travesías, una de ellas, y si es que mis letras llegan a oídos de jóvenes pupilos en el arte de las cuerdas, de los metales, de las teclas y del diafragma.

Haré una referencia de este oleaje a los cantantes.

Eran la diez de la mañana en el Ateneo de Puebla, Concurso Nacional de Rondallas, frente a mí Javier Correa Tello “El Moroco” (+), director de la Rondalla del Instituto Tecnológico de Ciudad Victoria, y mi voz irrumpiendo su concentración para subir al centro de las miradas y la afinada escucha de quienes evaluarían nuestra calidad en el arte.

–¿No hay tequila para afinar?

Sonrió y me dijo:

–Sólo necesitas agua y que no esté fría.

Me reí, pecando en inocente, pero culpable del oleaje que desata el trago en cualquier serenata, recital, incluso concurso.

¿Que acaso el trago no está dentro del arte?

Agua, agua, sólo agua necesitan las cuerdas vocales para ejercer su buena vibración.

Agua, agua, sólo agua necesitan las neuronas para estar lúcidos ante el compromiso de la institución que representamos.

Agua, sólo agua y nada más agua necesitamos para cruzar a la otra orilla…

Entendí que las olas mías no eran de agua, por eso eran amargas e innavegables.

Hoy que me toca dirigir un nuevo velero aplico aquella vieja escuela, la escuela de “El Moroco”, que me dejó dos grandes clases:

1. Sin estudio de escalas no hay calidad musical.

2. Está calidad musical debe sumergirse en agua, solo agua.

Así que… ¡Aguas, jóvenes, con lo que beben!