GUILLERMO F. SALAZAR HAGELSIEB
Después de su éxito, y la expansión del Beefmaster a nivel global, el legendario ganadero texano Tom Lasater, fundador de la raza, a punto de retirarse y ceder el manejo total de «Lasater Ranch» a su hijo Dale, fue entrevistado.
Le preguntaron sobre los cruzamientos y si alguien más podría hacerlos nuevamente, usando Brahman, Hereford y Shorthon, para llegar a la misma raza, a lo que Tom Lasater contestó,
«Ese cruzamiento fue el ganado que tenía a mi alcance, eran las vacas de mi padre, Hereford y Brahman, a esas vacas les agregué un toro Shorthon, fue mi única opción que tenía en ese momento».
En base a eso, Lasater dijo que si hoy volviera a empezar a desarrollar el Beefmaster usaría el ganado que estuviera disponible, en cualquier corral, de cualquier raza comercial.
El Beefmaster se trata de seleccionar el ganado, en base a las seis esenciales, que buscó para fundar la raza: fertilidad, mansedumbre, habilidad materna, producción de leche, rusticidad y facilidad de parto.
Eso quiere decir que todos en su rancho tienen algunas vacas tipo «Beefmaster», aunque sean de otra raza.
El Beefmaster es una manera de hacer ganadería, algo mucho más grande que un semental de pesebre, disfrazado de hipopótamo, en una feria ganadera; eso no es genética.
La genética se hace desde nuestras mejores vacas, eso es un Beefmaster, usando cualquier raza o color, se busca un ganado hecho en el agostadero, sin baños, sin suplementos, ganado de nuestras mejores vacas, nacidas en ese mismo potrero.
Cada rancho es diferente, y es por eso por lo que un toro de revista, desarrollado en un pesebre, con toneladas de alimento desde sus primeros meses de vida, definitivamente miente, en cualquier estadística que aparece en ese registro.
Son esos mismos toros los que no se adaptan a la realidad de un potrero de matorral espinoso, donde tienen que ramonear mezquite, huizache, y pequeños arbustos.
Lamentablemente muchos toros finos «de registro» son clasificados a ras de cancha, como toros de banqueta o banqueteros, pues no se adaptan a un potrero de verdad, y su condición corporal depende de la suplementación que se le dé en pesebre.
Sin ofender a nadie, eso en cualquier raza, no es genética.
La genética nace de nuestras mejores vacas, así como lo dice Lasater, con las mismas vacas que ya hay, siempre habrá vacas destacadas, que tienen una cría el mismo mes, cada año, destetan bien y además mantienen buena condición corporal durante toda la temporada de lactancia.
Son vacas que al ser destetadas ya están preñadas nuevamente, esas vacas son la verdadera genética, son el tesoro que muchos no entienden, o no quieren entender.
La genética no se compra en un supermercado, la genética se hace desde lo que ya está adaptado al entorno, sin dependencia externa, sin baños, sin núcleos, sin minerales, sin aditivos o produce una forrajera.
El torete más fino y apto para la cría lo fabrica el mismo rancho
Ojo, sin darnos cuenta las vacas que nos dan más crías, las más mantenidas en base a forrajes toscos, las que no fallan cada año y de las que inexplicablemente solo dejamos sus hijas para la recría, y los becerros regularmente los vendemos a la engorda sin darnos cuenta el gravísimo error; se hace cada año, esos becerros son la llave del éxito, así como sus hermanas también deben ser sementales.
En la engorda pagan kilos, no pagan pedigríes, sería bueno tomar en cuenta el sentido común a la hora de la toma de decisiones.
Se puede seguir haciendo lo mismo, con los mismos resultados o se puede cambiar la óptica en la toma de decisiones y usar el valor maternal, al estilo Lasater, para ver los resultados positivos desde la primera generación de vaquillas hijas de esos toretes diseñados por usted mismo.
No se puede hacer lo mismo esperando resultados diferentes, la genética se hace, se fabrica desde el valor maternal de nuestras propias vacas, ni más, ni menos.
Después del anuncio de la segunda línea del acueducto…
No sabemos bien por qué después del banderazo de salida, con presencia de la presidenta CSP, en su última visita a Ciudad Victoria, la maquinaria ubicada por todo el trayecto, del aeropuerto a la capital, se mandó guardar, en un campamento ubicado en el ejido Constitución de 1917, ahí frente al aeropuerto Pedro J. Méndez.
Ojalá reanuden pronto los trabajos y no sea solamente una foto más, de esas que regularmente pasaban en aquellos tiempos neoliberales de la política nacional.
Se tenía que decir y se dijo.
Por mi parte… ¡Es cuanto!
