La verdadera riqueza

JUANY RAMÍREZ

Últimamente he visto en redes sociales videos de familias de condición humilde (sin tratar de ofender) disfrutando los alimentos que pueden tener, comiendo lo que se tiene en casa y sentados en el suelo, en una piedra o parados, no importa cómo lo hagan.

¿Pero, saben? Es muy bonito llenarse la mente de recuerdos, recuerdos de la infancia de muchos que hoy son padres de familia y que comentan esos videos con palabras colmadas de nostalgia, diciendo que eso es lo más bonito de la vida y coincido con estos comentarios, porque uno no nació en cama de oro.

Pero nunca pueden faltar los comentarios negativos que dicen “¿cómo va a ser bonito no tener un buen platillo para comer? ¿Cómo va a ser bonito si la casa es de cartón y láminas y con goteras? ¿Cómo va a ser bonito si se sientan y duermen en el suelo?

 Es interesante ver cómo las redes sociales pueden evocar emociones y recuerdos en las personas. Mientras que algunos se enfocan en la belleza de la simplicidad y la nostalgia, otros resaltan las dificultades y carencias que pueden acompañar a esa simplicidad.

Es importante reconocer que la percepción de la belleza y la felicidad puede variar mucho de persona a persona, y que ambos puntos de vista tienen validez. Porque la simplicidad y la austeridad pueden ser fuente de alegría y gratitud para algunos, mientras que para otros pueden ser una fuente de estrés y preocupación.

A lo que voy, o lo que quiero decirles, es que lo bonito de esas personas humildes no es la mala alimentación o lo mal vestidos, la casa con goteras o dormir y sentarse en el suelo, sino más bien lo hermoso y maravilloso que es la unión familiar que en ellos se refleja, es que aunque solo tengan tortilla con sal para comer lo disfrutan y les sabe a gloria, porque están juntos, está la familia completa, están sanos.

Y… ¡Exactamente! La unión familiar y el compartir momentos juntos es lo que hace que esas escenas sean tan emotivas y conmovedoras. La simplicidad de la vida no es lo que las hace especiales, sino la conexión y el amor que se comparte entre las personas.

La comida, la casa, el entorno pueden ser secundarios frente a la alegría y la gratitud que se siente al estar juntos. Es un recordatorio de que la verdadera riqueza está en las relaciones y los momentos que compartimos con los seres queridos.

Así que, a seguir disfrutando a tus seres queridos, no importa si sólo tienes tortilla con sal para compartir.

Que tengan un buen fin de semana.