JUAN R. GIL
La Reflexión…
“Empuja la roca, así, como te lo estoy mostrando”, le decía un padre a su hijo que, a causa de un accidente en bicicleta, sus brazos y piernas tuvieron múltiples fracturas, lo que provocó que músculos y tendones estuvieran semiparalizados.
Había a un costado de su humilde casita de adobe una enorme roca, de aproximadamente tres toneladas de peso. Una mañana llevó a su hijo frente a ella, lo colocó en posición de empuje y le decía:
–Recuerda, es importante que yo vaya a trabajar, mientras tu “empujas” la roca.
Le colocó un banco para que descansara, agua y comida, en tanto, por la tarde, regresaba prontamente de sus labores.
Esto se lo estuvo repitiendo durante los siguientes tres meses, pero conforme pasaba el tiempo el hijo cada vez tenía un semblante más y más triste, además de estar frustrado.
Finalmente, estalló en lágrimas y le reclamó a su padre:
–No entiendo, ¿por qué me castigas tanto por ese accidente y me has puesto a “mover” esa enorme la roca?
Su padre contestó:
–Levanta el brazo derecho y el brazo izquierdo.
El muchacho lo hizo prontamente.
–Ahora dobla las rodillas e impúlsate hacia arriba dando el salto más grande que me puedas regalar,
Lo hizo con la agilidad de un león frente a su presa.
Finalmente le dijo:
–Ahora dame un fuerte abrazo, hasta que me duela, de lo duro que me aprietas.
El muchacho lo hizo y finalmente comprendió que no era un castigo, era una terapia el ejercicio ideado por su padre. En tanto el escuchaba:
–¡Suave, suave! ¡Que me romperás los huesos!
Cuando finalmente el papá respiró de ese fuerte abrazo susurró:
–Te pedí que empujaras la roca, no que la movieras.
El Mensaje…
Si tus hijos no te escuchan es muy probable que también hacías lo mismo con tus padres. Como una cadena de conducta generacional. En todo caso, cómo podrías dar ejemplo de autoridad moral en el hogar si no aprendiste un principio básico: “cuando el alumno está listo, aparece el maestro”.
Bajo el sentido común no hay dos individuos, en el abrir del telón es el mismo individuo, que ahora está listo para ejercer acción de continuidad aprendida.
En otras palabras, no puedes subir al estrado de la disciplina y formación de tus hijos si primero no te aplicas en reconocer que reprobaste el cuarto mandamiento: Honra a tu padre y a tu madre.
Creo que esto es retroalimentación y una buena forma de recomenzar para hablarle de disciplina y buena moral a los hijos. De hecho, para muchos que estarán escudriñando mis letras quizá ya no tendrán la oportunidad de decirle a su padre “perdóname, por ser tan sordo a tus indicaciones, viejo lindo”.
Felicidades, el primer paso se ha realizado, ahora verás que los hijos(as) no tiene del todo la culpa, ya que tenemos que aprender a “bien comunicarnos” con ellos.
Decía el buen San Francisco de Asís: “Predica, y si es necesario habla.”
¿Que hay en la tempestad de un hijo(a) rebelde?
Cada individuo tiene su propia historia, su propia carpeta en donde se registran cronológicamente los episodios más importantes de la vida. Los psicólogos tratan de exponer esa área escondida que se llama subconsciente.
¿Qué guarda esa memoria, que, al encender nuestra computadora cerebral al consciente intelectual al despertar, realiza una actualización de aquel viejo episodio bueno o malo que la vida nos presenta?
Quizá hubo episodios de violencia intrafamiliar, tal vez en el vientre de una madre; hubo un embarazo no deseado o simplemente papá nunca estuvo en casa.
Hay tantos episodios en la serie de la vida que sería muy extenso dar ejemplos de ellos, pero me concreto a referir, aquel Salmo que dice:
“Si mi padre y mi madre me abandonan, el Señor me acogerá.”
Es bien sabido que una gran cantidad de infantes viven sin la dicha de tener la guía de papá y el amor de mamá.
La figura paterna es importantísima en el molde único de la familia; reflexiona un poco en este pequeño fragmento de mis letras.
¿Cuándo fue la última vez que elogiaste el trabajo de tu hijo(a)?
Quizá nos quedamos con aquella vieja escuela de: ¡Yo estoy aquí para poner orden!
Algo tiene de cierto, porque mientras el hijo y la hija vivan en la casa de su padre estos, por derecho cívico y moral, deben someterse a la autoridad de ellos, pero a su vez, los padres tienen por obligación cuidarlos, proveerles y educarlos hasta que estos alcancen su mayoría de edad y estén listos para afrontar ahora sus propias responsabilidades. Desgraciadamente, este proceso natural manifiesta muchas variantes en el último siglo.
Las cinco fuerzas que empujan la roca…
Es de dominio público ver padres que solo son proveedores, pero no son maestros, educadores, responsables de las cinco fuerzas del crecimiento físico y espiritual de sus hijos:
- Los valores
- La moral
- La educación
- La formación religiosa
- La actitud diligente
Los Valores Humanos…
Más vale el hombre paciente que el héroe, el dueño de sí mismo que el conquistador de ciudades. (Proverbios 16, 32)
Indudablemente estos son como una pequeña semilla que enraíza y crece en el seno de la familia y da frutos en la sociedad, algunos de ellos son:
- El respeto
- La responsabilidad
- La gratitud
- El amor
- La humildad
- La tolerancia
- La libertad
- La lealtad
- La paciencia
- La perseverancia
- La confianza
- La justicia
- La amistad
- La equidad
- El perdón
- La sinceridad
- La honestidad
- La solidaridad
- La bondad.
- La empatía
La moral…
La moral es un conjunto de costumbres, por ello coloquialmente se escucha, es de buena o mala moral, o tiene buenas costumbres, o tiene malas costumbres.
Este conjunto de costumbres, con sus normas, y creencias, orientan la conducta de las personas, por consiguiente, la conducta de las sociedades.
Por ello, la moral establece condiciones propicias para garantizar la dignidad, la libertad, la igualdad, la justicia y la vida de las personas.
Todo este movimiento nace crece y se desarrolla en el la familia, en las aulas y en la asistencia a una congregación religiosa.
Algunos ejemplos:
- Proteger a los débiles
- Ayudar al necesitado
- Cuidar a los ancianos
- No aprovecharse de la inocencia infantil
- No probar sufrimiento a los animales
- Acompañar a un enfermo o accidentado
- Hablar con la verdad
- Cumplir las leyes y respetarlas
- Cuidar el medio ambiente
- Cumplir con las promesas adquiridas
La Educación…
La educación es fundamental para el logro de objetivos sostenibles. Pero, además, es un derecho humano universal, ya que es el motor del desarrollo y uno de los instrumentos más eficaces para combatir la pobreza.
La educación es también el medio del desarrollo en el pensamiento crítico, para aprender a convivir y a contrarrestar la manipulación y así asumir mayor responsabilidad en la mejora de la sociedad.
Gabriel Celaya nos regala estas letras acerca de la educación:
“Educar es lo mismo que poner motor a una barca, hay que medir, pensar equilibrar y poner todo en marcha. Pero para eso hay que poner el alma; un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta y un kilo y medio de paciencia conectada…
“Pero es consolador soñar mientras trabajas. Que ese barco, ese niño, irá muy lejos por el agua…
“Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras hacia los puertos distantes, hacia islas lejanas. Soñar que cuando un día esté durmiendo, en barcos nuevos seguirá nuestra bandera enarbolada.”
La Formación Religiosa…
Esta parte del algoritmo busca responder al deseo más profundo que tiene el ser humano de la verdad universal y única. Esa búsqueda de responder a las cuestiones:
¿De dónde vengo y a dónde voy? ¿En qué creo? Y por supuesto ¿Quién es Dios?
Además de todo lo concerniente a la revelación divina que se manifiesta en la vida del hombre, a lo largo de su historia y de su existencia. Los escolapios le dieron movimiento a este engranaje, de leer y escribir, para poder discernir.
Todas estas secciones no son ajenas a los padres en el cometido de querer delegar responsabilidades del hogar a los educadores escolares o religiosos, el mejor profesor y profesora están en casa y hoy día resurge la necesidad de impulsar a los padres en renovar su compromiso cívico y familiar, para bien de sus hijos y la sociedad futura.
La Actitud Diligente…
Papá: Empuja tu piedra.
Volviendo a la reflexión ¡el papá primero le mostró a su hijo cómo empujar la roca!
Nuestra roca hoy día es muy pesada, porque se requiere de más fuerza, actitud y compromiso, además de salir de esa doble moral. No basta con ser un buen proveedor en el hogar, también hay que ser un responsable en las necesidades intrínsecas (intimas) de la familia, con la convicción de instruir a moverse en este asfixiante sistema que paraliza el crecimiento físico, mental, espiritual y laboral de los jóvenes.
Amigos míos: ¡Afuera hay una gran roca!
Termino con esta autorreflexión.
¿Quieres moverla o empujarla? ¿Quieres activar las grandes virtudes, destrezas, capacidades, y talentos de tus hijos, nietos y/o pupilos? ¿O simplemente quieres cerrar tus oídos a su silencioso grito de auxilio?
¡Tengan un feliz inicio de semana!!
