BÁRBARA LERA CASTELLANOS
En el sur de Tamaulipas miles de mujeres sostienen una de las actividades más identificables de la economía costera: el despique de camarón.
Se estima que más de dos mil 500 mujeres realizan esta labor en la región de Tampico, con jornadas exigentes, ingresos vulnerables y un aporte histórico poco visible en la vida pública.
Durante años, su trabajo fue considerado parte del paisaje pesquero, pero no necesariamente reconocido como una fuerza laboral con derechos, necesidades de salud y dignidad.
En marzo de 2026, la obra Las Despicadoras del Oro Rojo llevó a escena sus historias y reconoció públicamente su papel en la identidad y economía del sur tamaulipeco, con la participación del gobernador Américo Villarreal Anaya y de la presidenta del DIF Tamaulipas, María de Villarreal.
Lo más relevante no es solo el homenaje artístico, sino la posibilidad de convertir el reconocimiento en política pública.
El Gobierno estatal y municipal han impulsado acciones concretas: gratuidad en permisos sanitarios y exámenes de laboratorio requeridos para el manejo de alimentos, además de facilidades para la certificación sanitaria de las trabajadoras.
En octubre, la alcaldesa de Tampico, Mónica Villarreal Anaya, entregó más de mil equipos de trabajo y apoyos alimentarios a despicadoras, con respaldo del Gobernador.
La entrega incluyó uniformes completos y despensas, mientras se han llevado revisiones médicas y orientación en salud directamente a los despicaderos, incluyendo detección de hipertensión y diabetes.
Estas medidas importan porque atienden tres frentes: la salud preventiva, la formalización laboral y el alivio económico inmediato. También muestran una lógica de gobierno cercana al territorio, en la que el DIF estatal, encabezado por María de Villarreal, funge como puente entre las instituciones y las familias.
Las despicadoras no piden conmemoración: piden ser vistas, escuchadas y protegidas.
Sus manos cuentan una historia de trabajo, sacrificio y pertenencia; por ellas pasa parte del alimento, la cultura y la economía del sur de Tamaulipas.
Reconocerlas con uniformes, consultas, certificaciones y apoyos es un comienzo necesario, pero el verdadero homenaje será construir condiciones permanentes de seguridad, salud, ingreso justo y respeto.
Una sociedad que dignifica a quienes sostienen su sustento desde la sombra avanza, precisamente, hacia una idea más humana del poder público.
