Nueva ley de bienestar animal y la UAT

BÁRBARA LERA CASTELLANOS

El pleno del Senado aprobó, con 115 votos a favor y uno en contra, la Ley General en Materia de Bienestar, Cuidado y Protección de los Animales, un nuevo marco normativo que reconoce a los animales como seres sintientes y establece obligaciones más estrictas para tutores, adoptantes y autoridades, con el propósito de prevenir el abandono, el maltrato y cualquier forma de violencia.

La legislación, turnada ahora a la Cámara de Diputados, plantea responsabilidades concretas para quienes tienen animales bajo su cuidado: proporcionar alimentación suficiente y adecuada, agua potable permanente, atención veterinaria, refugio seguro, protección ante las inclemencias del clima y mecanismos de identificación y seguimiento de su salud.

También contempla un Registro Nacional de Animales de Compañía y un padrón de personas infractoras, además de sanciones económicas y administrativas contra quienes incurran en abandono o maltrato.

Entre las prácticas que se busca combatir están el encadenamiento permanente, el confinamiento en azoteas o espacios sin condiciones adecuadas y el abandono de animales en lugares públicos o privados.

Pero el bienestar animal no debe limitarse a castigar a los responsables después de ocurrido el daño. Requiere educación, prevención, investigación científica y formación profesional, áreas en las que Tamaulipas cuenta con un aliado estratégico: la Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT).

La UAT ha venido fortaleciendo acciones académicas y de investigación relacionadas con la salud animal, la producción pecuaria, la medicina veterinaria y la protección de los recursos naturales.

A través de sus especialistas, laboratorios, estudiantes y cuerpos académicos, la Universidad puede contribuir a generar conocimiento y formar profesionales capaces de atender integralmente la salud y bienestar de los animales.

Particular importancia tiene el trabajo universitario vinculado con la sanidad pecuaria. Los esfuerzos de la UAT frente a problemas como el gusano barrenador del ganado, en coordinación con las autoridades federales y estatales del sector agropecuario, demuestran que la protección animal también involucra investigación, vigilancia epidemiológica, prevención y capacitación de productores.

Esta experiencia puede ampliarse hacia una política estatal de bienestar animal que incluya campañas de vacunación, esterilización, atención veterinaria, adopción responsable y educación ciudadana, especialmente en perros y gatos en situación de abandono.

La UAT también puede desempeñar un papel fundamental formando estudiantes con una visión ética sobre la relación entre seres humanos y animales, promoviendo investigaciones que aporten soluciones a los problemas de salud, reproducción, nutrición, comportamiento y conservación de especies.

En Tamaulipas, donde los 43 municipios enfrentan realidades diferentes, resulta indispensable construir una política coordinada entre Gobierno del Estado, ayuntamientos, Congreso, organizaciones civiles y universidades. La capacitación del personal municipal para detectar y atender casos de maltrato debe acompañarse de infraestructura, presupuesto, protocolos y profesionales especializados.

La nueva legislación representa, por tanto, una oportunidad para pasar de la indignación ante el maltrato a una política pública permanente de protección animal.

Y aquí la UAT puede ser protagonista: formando profesionales, generando conocimiento, apoyando a las autoridades y sensibilizando a las nuevas generaciones.

Porque proteger a los animales no solamente significa defender a seres capaces de sentir dolor, miedo y bienestar; significa también construir una sociedad más responsable, compasiva y humana.