Donación de órganos, ¿cómo vamos?

ANGEL CAMACHO

Hay decisiones que trascienden nuestra propia existencia. Una de ellas es la donación de órganos y tejidos. En lo personal, considero que pocas acciones representan con tanta claridad la solidaridad humana como permitir que, aun después de nuestra muerte, alguien más tenga la oportunidad de seguir viviendo.

En México hemos avanzado en la cultura de la donación, pero aún estamos lejos de satisfacer las necesidades de miles de pacientes que esperan un trasplante. Cada año se realizan más procedimientos y se fortalecen los programas de procuración de órganos; tan solo en 2025 se efectuaron más de seis mil 500 trasplantes en el país, una cifra superior a la del año previo. Sin embargo, la demanda continúa siendo mucho mayor que la disponibilidad de órganos y tejidos para trasplante.

Detrás de cada paciente en lista de espera existe una historia, una familia y un proyecto de vida que depende de una llamada telefónica que puede cambiarlo todo. Un riñón, un hígado, un corazón, un pulmón o una córnea no representan únicamente un procedimiento médico; significan la posibilidad de volver a abrazar a la familia, regresar al trabajo, estudiar o simplemente vivir.

Afortunadamente, en Tamaulipas también existen razones para mantener la esperanza. Me da gusto saber que nuestro estado ha fortalecido su programa de donación y trasplante de órganos y tejidos. Gracias al trabajo coordinado entre hospitales, personal de salud y, sobre todo, a la generosidad de las familias donantes, durante la presente administración se han realizado 136 procesos de donación que han beneficiado aproximadamente a 300 personas, colocando a Tamaulipas entre las diez entidades con mejores resultados en efectividad de donación. Este esfuerzo incluso fue reconocido recientemente por el Centro Nacional de Trasplantes.

Sin embargo, también creo que el mayor reto sigue siendo cultural. Muchas familias nunca hablan sobre la donación de órganos y, cuando llega el momento de tomar una decisión en medio del dolor por la pérdida de un ser querido, la incertidumbre y el desconocimiento suelen convertirse en un obstáculo para autorizar la donación.

Por eso considero que debemos hablar de este tema mientras estamos vivos. Expresar nuestra voluntad a nuestros familiares puede marcar la diferencia entre que nuestros órganos puedan salvar vidas o que esa oportunidad se pierda para siempre. La donación no solo depende de la tecnología médica; depende, sobre todo, de la confianza, de la información y de la solidaridad.

También es importante combatir los mitos. En México la asignación de órganos está regulada por el Centro Nacional de Trasplantes (Cenatra), mediante criterios médicos, éticos y de compatibilidad. La donación es voluntaria, altruista y está estrictamente prohibida su comercialización.

Estoy convencido de que una sociedad solidaria se mide por su capacidad de ayudar incluso cuando ya no está presente. Donar órganos no prolonga nuestra vida, pero sí puede prolongar la de muchas personas más. Ese, quizá, sea el legado más valioso que cualquiera de nosotros pueda dejar.

Hablar de donación de órganos es hablar de esperanza. Y mientras existan personas dispuestas a decir «sí» a la donación, siempre habrá alguien que reciba una segunda oportunidad para vivir.

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Y recuerden amigos, en Salud Pública: “Es mejor prevenir… que curar”.