Edgar Amador optimista vs Pedro Aspe advierte

JORGE A. LERA MEJÍA

El contraste entre las “12 buenas noticias” de la economía mexicana destacadas por el secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, y el diagnóstico estructural de riesgo planteado por el exsecretario Pedro Aspe Armella revela dos narrativas opuestas sobre el rumbo del país: una de fortaleza coyuntural y otra de vulnerabilidad de fondo.

Las 12 buenas noticias, según Hacienda…

En sus intervenciones recientes desde la Mañanera, Amador ha subrayado que la economía mexicana es sólida, resiliente y que “nos va a ir mejor de lo que se pronostica”, sustentando este optimismo en 12 indicadores que el gobierno presenta como evidencia de fortaleza macroeconómica.

Entre ellos destacan: México ubicado entre los diez países con mayor inversión extranjera directa, un récord histórico de empleos formales (más de 22.7 millones en junio de 2026) y el salario de cotización más alto de la historia, con 669 pesos diarios.

También enfatiza tasas de desempleo entre las más bajas de la OCDE, máximos históricos en exportaciones (723 mil millones de dólares) y en el intercambio comercial con Estados Unidos, donde México se mantiene como principal socio.

A ello suma crecimiento de la inversión fija (5.1 por ciento anual en abril de 2026), expansión del consumo privado y una inflación contenida en torno a 3.6 por ciento, elementos que, a su juicio, muestran que la estrategia económica está reanimando la confianza y consolidando la estabilidad fiscal.

Amador agrega un ángulo social: insiste en que más de 13.4 millones de personas habrían salido de la pobreza entre 2018 y 2024, y que la consolidación fiscal de 1.3 puntos del PIB en 2025 se logró sin recortar programas sociales ni afectar la estabilidad financiera.

Esta combinación de indicadores de empleo, salarios, comercio exterior y disciplina fiscal le permite afirmar ante el Congreso que “la economía está bien, sólida, sana y en el corto y mediano plazos va a estar mejor”.

El diagnóstico de riesgo de Aspe…

Frente a este cuadro optimista, el exsecretario de Hacienda (1988-1994), Pedro Aspe, construye desde la Revista Nexos un relato de “cascada de estancamiento estructural”.

Su análisis advierte que la deuda pública se acerca a 60 por ciento del PIB (58.9 estimado para 2025), un nivel que marca como umbral de riesgo para una economía emergente y que podría ser rebasado por primera vez en cinco décadas, presionando la calificación soberana y el costo del financiamiento.

En paralelo, subraya un déficit fiscal de 5.7 por ciento del PIB calificado como inmanejable y una caída de 28 por ciento en la inversión física federal entre 2024 y 2025, que coloca la inversión pública en torno a dos por ciento del PIB, muy por debajo del 3.5-4.0 observado en economías de la OCDE.

El exsecretario señala además 16 meses consecutivos de descensos en la inversión total, pública y privada, y un PIB per cápita en 2025 inferior al de 2018, lo que, en su visión, configura un escenario de menor crecimiento potencial, baja productividad y estancamiento del bienestar.

Para Aspe, el aumento del gasto corriente, el apoyo recurrente a Pemex y la reducción sistemática de la inversión productiva forman una cadena causal que puede llevar a un periodo prolongado de bajo crecimiento, aun cuando algunos indicadores coyunturales luzcan positivos.

Contrapartida…

En términos analíticos, Hacienda pone el foco en la foto de corto plazo: empleo récord, exportaciones dinámicas, baja inflación, recuperación de la inversión fija y consolidación fiscal reciente, todo ello en un contexto internacional complejo.

Aspe, en cambio, privilegia la película de largo plazo: endeudamiento cercano al umbral de riesgo, deterioro de la inversión pública, racha negativa en la inversión total y estancamiento del PIB per cápita.

Ambas narrativas pueden coexistir: es posible que la economía muestre buenos resultados de coyuntura en empleo, comercio y precios, mientras acumula desequilibrios en deuda, inversión y productividad.

El reto para el análisis profesional es articular estos niveles: las “12 buenas noticias” describen fortalezas reales del ciclo actual, pero no desmienten los riesgos estructurales que advierte Aspe; más bien, plantean que la ventana de bonanza debe aprovecharse para corregir la senda de deuda e inversión antes de que el estancamiento se consolide.