JUANY RAMÍREZ
Mmmmm, ¿a las cardiopatías congénitas quién las entiende? Pues sólo quien vive y convive con ellas, porque cada día nos damos cuenta de que la empatía está ausente en las personas.
¿Acaso no te duele el dolor ajeno? ¿O quizá te piensas o te sientes inmortal?
Las personas que padecen una cardiopatía congénita transitan su vida en un complejo mundo de síntomas que deterioran su calidad de vida y no les permite disfrutarla al cien.
Y no sólo el paciente lo sufre sino también su familia cercana, digamos padres, hermanos, etcétera.
En fin, pero en este caminar existen cosas que marcan para siempre o que jamás se olvidan, aunque trates de evitar que duelan y más que tu hijo o hija se sienta culpable por la situación.
Como cuando te preguntan sobre el color azulado de su piel.
¿Por qué tu hija está tan flaquita y no crece?
¿Por qué la cargas si ya está grande?
¿Por qué se sienta así, en cuclillas?
¿Por qué respira así?
Y las critican por la forma de sus dedos, de sus uñas y las llaman flojos o chiflados cuando se fatigan y necesitan detenerse a tomar un poco de oxígeno.
Madres y padres guerreros: Hagamos que toda esta indiferencia de la gente “sana” no duela y aunque pienses en no contestar sus preguntas, hazlo, dale la respuesta, quizá así aprendan sobre el tema, lo compartan y se empiece a conocer más, y a ti te da fortaleza y se empieza a hablar sobre el problema de salud de tu hijo, sin sentir ese nudo en la garganta que nos ahoga.
Sólo recuerda que la vida es como la rueda de la fortuna, da muchas vueltas y hoy estamos nosotros en esta situación, pero quizá mañana le toque a esa persona de la que nuestros guerreros y nosotros fuimos burla.
Aunque no se le desea a nadie, pero sucede.
Y lo tengo comprobado al cien por ciento.
Sólo confía en que mañana será diferente.
Les abrazo con el corazón…
