JUANY RAMÍREZ
Dicen que los dichos populares están hechos para hacer la vida más amena y llevarla con gracia e ingenio.
Cuando no nos llueve, nos llovizna, decía mi Abuela; muchas veces la escuché decir ese dicho que mi mente infantil no lograba descifrar su significado, porque yo nada más no sentía la lluvia caer cuando ella lo mencionaba y a mí me encantaba escucharla y mojarme, por supuesto.
Pero se va aprendiendo con el transcurso del tiempo y te das cuenta de que este tipo de dichos son expresiones que sirven para describir situaciones de la vida diaria; en este caso en particular se refiere a una mala situación que estás pasando y que justo cuando crees que las cosas no pueden empeorar sucede algo peor, que te llena de sentimientos encontrados.
Es ahí cuando recuerdas ese dicho que escuchaste tantas veces, piensas y recapacitas ante la situación y dices: “Cuando no nos llueve, nos llovizna…”.
Lo grandioso de lo que decía mi abuela es que siempre podemos disfrutar de la lluvia: Escuchando el sonido de la lluvia, disfrutando una comida y una bebida en casa, viendo la tormenta desde la ventana, conviviendo con nuestros seres queridos, mojándonos un poco, viendo cómo todo florece… y ¡también bailando bajo la lluvia!
Después de todo la lluvia sirve para dar vida a la más árida tierra; en cada problema que enfrentes, Dios lloverá vida a tú corazón y lo llenará de paciencia, sabiduría, de fe y de esperanza, aun cuando días atrás hacías reproches y preguntas sin respuestas por lo desesperante de la difícil situación que estabas pasando, o que quizá aún sigues en el proceso.
Pero siempre existe una luz al final del túnel.
Recuerda que: Sin lluvia nada crecería.
Aprende a amar a las tormentas de tu vida.
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