¡Ya llegaron las gripas!

ANGEL CAMACHO

Antes de automedicarse, recuerde los remedios de siempre.

Hace unos días, por motivos de trabajo estuve de viaje por el altiplano mexicano, me encontré con un cambio de temperatura importante: la lluvia, el frío y ese descenso brusco de temperatura que, para quienes venimos de un clima diferente, se siente de inmediato.

Días después comenzaron los estornudos, la congestión nasal, el malestar y esa sensación tan conocida de que “ya me agarró la gripe”. Y precisamente por haberlo vivido recientemente, hoy quiero hablar de un tema que, en esta época, seguramente será familiar para muchos: las gripas y cómo podemos atenderlas con medidas sencillas, tradicionales y sensatas, sin caer inmediatamente en la automedicación.

Con la llegada de los cambios de temperatura comienzan también las molestias que muchos conocemos de memoria: escurrimiento nasal, estornudos, dolor de garganta, tos, malestar general y, en ocasiones, fiebre.

Es entonces cuando aparece una costumbre muy arraigada: correr al botiquín y comenzar a tomar medicamentos por nuestra cuenta.

Sin embargo, no toda gripe necesita medicamentos. La mayoría de las infecciones respiratorias comunes son de origen viral y suelen mejorar por sí solas con reposo y cuidados adecuados.

Por eso, antes de automedicarnos, podemos recurrir a algunas medidas sencillas y tradicionales que siguen siendo útiles.

Tomar suficientes líquidos es fundamental. Agua, caldos, infusiones o bebidas tibias pueden ayudar a mantener una adecuada hidratación y proporcionar alivio a la garganta.

Una bebida tibia con miel puede disminuir la tos en adultos y en niños mayores de un año; la miel nunca debe darse a menores de 12 meses.

También podemos recurrir a una buena sopa o caldo caliente, no porque cure la infección, sino porque aporta líquidos y puede resultar reconfortante cuando existe congestión o malestar.

Las bebidas tibias y los alimentos suaves suelen ser más fáciles de tolerar cuando no tenemos apetito.

Para la congestión nasal, los lavados o gotas de solución salina pueden ser una alternativa sencilla y segura para ayudar a limpiar las secreciones. Asimismo, descansar adecuadamente permite que el organismo se concentre en combatir la infección.

Y algo que parece demasiado sencillo, pero que continúa siendo importante: lavarse las manos con frecuencia, cubrirse al toser o estornudar y evitar acudir a lugares concurridos cuando estamos enfermos ayuda a disminuir la transmisión de los virus respiratorios.

Lo que debemos evitar es la automedicación. Los antibióticos no curan las infecciones virales y tomar antibióticos, antigripales, corticoides o combinaciones de medicamentos sin valoración profesional puede ocasionar efectos adversos o hacer que tomemos medicamentos que realmente no necesitamos.

Los llamados remedios caseros también requieren sentido común. Que algo sea «natural» no significa necesariamente que sea seguro. Algunas plantas, preparados o combinaciones pueden interactuar con medicamentos o resultar perjudiciales para determinadas personas.

La mayoría de las gripas evolucionan favorablemente, pero debemos estar atentos. Fiebre persistente, dificultad para respirar, dolor en el pecho, confusión, deshidratación, empeoramiento después de una aparente mejoría o síntomas intensos en bebés, adultos mayores o personas con enfermedades crónicas son motivos para buscar atención médica.

La próxima vez que llegue una gripe, antes de automedicarnos, recordemos algo que nuestras abuelas ya sabían: descanso, líquidos, alimentos reconfortantes y cuidados sencillos pueden ser grandes aliados.

Y cuando la enfermedad no evoluciona como esperamos, lo más responsable sigue siendo consultar al profesional de la salud.

Porque atender una gripe no siempre significa tomar una pastilla. A veces, lo más importante es darle al cuerpo tiempo, cuidados y la oportunidad de recuperarse.

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Me pueden leer el próximo sábado para más consejos A tu Salud.

Y recuerden amigos, en Salud Pública: “Es mejor prevenir… que curar”.