ANGEL CAMACHO
- El dengue se combate entre todos, no solo con fumigación
Cada temporada de lluvias escuchamos la misma exigencia: «que la Secretaría de Salud fumigue», «que pasen las brigadas», «que abaticen las colonias». Sin duda, estas acciones son indispensables para controlar la población del mosquito transmisor del dengue. Sin embargo, también creo que hemos cometido un error como sociedad al pensar que toda la responsabilidad recae únicamente en las autoridades sanitarias.
La realidad es muy distinta. Podemos fumigar una colonia hoy, pero si mañana los patios continúan llenos de recipientes con agua, llantas abandonadas, cubetas destapadas, floreros, botellas o cacharros donde el mosquito pueda reproducirse, en pocos días el problema volverá a presentarse.
El mosquito que transmite el dengue no nace en la calle; la mayoría de las veces se desarrolla dentro de nuestras propias viviendas. Es ahí donde debemos concentrar nuestros mayores esfuerzos.
La Secretaría de Salud realiza campañas permanentes de fumigación, control larvario, aplicación de abate, vigilancia epidemiológica y promoción de la salud. Son acciones que requieren personal capacitado, recursos económicos y una gran logística.
Pero ninguna estrategia será suficiente si los ciudadanos no abrimos la puerta a las brigadas, no permitimos la aplicación de larvicidas o simplemente ignoramos las recomendaciones básicas para eliminar los criaderos.
La prevención comienza en casa. Dedicar unos minutos cada semana para revisar el patio, lavar y tapar recipientes que almacenan agua, voltear cubetas, desechar objetos inservibles y mantener limpios los espacios alrededor de la vivienda puede hacer una enorme diferencia. Son acciones sencillas que, multiplicadas por miles de familias, reducen significativamente la presencia del mosquito.
También es importante dejar de lado la falsa idea de que el humo de la fumigación elimina por completo el problema. La fumigación ayuda a disminuir la población de mosquitos adultos, pero no destruye los huevecillos ni las larvas que permanecen en el agua acumulada. Por eso, sin la participación ciudadana, su efecto es temporal.
El combate contra el dengue debe entenderse como una responsabilidad compartida. Gobierno y sociedad tienen funciones diferentes, pero igualmente importantes. Las autoridades deben continuar fortaleciendo las acciones preventivas, mientras que la población debe comprometerse con el saneamiento de sus hogares y de los espacios comunitarios.
No podemos esperar que alguien más resuelva un problema que también depende de nuestros hábitos cotidianos.
Si realmente queremos disminuir los casos de dengue, debemos cambiar nuestra manera de actuar. No basta con señalar lo que falta por hacer desde el gobierno; también debemos preguntarnos qué estamos haciendo cada uno de nosotros para evitar que el mosquito encuentre un lugar donde reproducirse.
La lucha contra el dengue comienza en el patio de nuestra casa. La fumigación salva vidas, sí, pero la prevención cotidiana puede salvar muchas más. Cuando cada ciudadano asume su responsabilidad, las campañas de salud pública se vuelven mucho más efectivas y los resultados benefician a toda la comunidad.
Combatir el dengue no es tarea exclusiva de la Secretaría de Salud. Es una responsabilidad que compartimos todos. Solo con la participación activa de la sociedad podremos proteger a nuestras familias y reducir el impacto de una enfermedad que, año con año, sigue representando un importante desafío para la salud pública.
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Y recuerden amigos, en Salud Pública: “Es mejor prevenir… que curar”.
